Últimas Noticias Logo

Caracas, 22/10/2014
Iniciar sesión| Registrarse


SUCESOS | 08/07/2012 07:00:00 a.m.
Detalles del linchamiento del violador de Carúpano
El asesinato de una niña de 12 años desató la sed de venganza en Carúpano, impunidad y crímenes atroces son detonantes para la violencia colectiva

Detalles del linchamiento del violador de Carúpano
Luis Antonio Cortesía. (Creditos: Cortesía)
Laura Weffer Cifuentes | Últimas Noticias 

La muerte de Luis Antonio Cortesía fue todo menos cortés. El cuerpo de ese ciudadano fue desmembrado por los privados de libertad del internado judicial de Carúpano, y las partes fueron lanzadas desde la cárcel hacia la calle mientras una poblada fuera “hacía fiesta”.



Foto: Cortesía Noel Otero |Desde temprano en la tarde la gente comenzó a arremolinarse alrededor del penal de Carúpano.

La razón del ensañamiento fue la violación y el posterior estrangulamiento de Evelianny del Carmen Ávila Moya, de 12 años. El victimario, quien acababa de salir de la cárcel, les confesó a las autoridades policiales que él había asesinado a la niña y luego la llevó hasta el monte, donde había abandonado el cuerpo.

Desde el 22 de junio, la niña estaba desaparecida. La última vez que sus familiares supieron de ella fue cuando le llevaba comida a una tía. Cortesía la habría abordado antes de subir al autobús que los trasladó hasta el sector El Molino. Una testigo que vio todos los hechos confesó que no había sospechado nada extraño, puesto que los padres de Evelianny venden café y empanadas en la entrada del Hospital Santos Aníbal Dominicci, que queda en esa parada, y supuso que la niña iba para allá. 




Foto: Cortesía Noel Otero| Familiares y amigos reclamaban justicia.


Cuatro días transcurrieron hasta que la Policía dio con el culpable: un pescador de la zona que vivía con su esposa y dos hijos en una casa de la costa. “Al enterarse de la captura, la gente se alebrestó de inmediato. Pedían justicia y lo querían linchar”, cuenta el reportero gráfico Noel Otero, quien presenció todos los hechos. La primera parada fue el Cipc de Carúpano. Con la furia colectiva tumbaron el portón, pero no encontraron a nadie allí. La segunda parada fue la sede de la Guardia Nacional Bolivariana. Tal fue la presión que permitieron a las mujeres manifestantes ingresar al lugar. 

Eran las dos de la mañana. Apenas había 10 efectivos y algunos de ellos estaban medio adormilados. Ya cansados y sin dar con el paradero de Cortesía, la gente volvió a casa. 





Foto: Cortesía Noel Otero| Los vecinos y amigos de Evelianny levantaron pancartas en apoyo.


El miércoles, la situación continuaba tensa. Una poblada tomó el control de Carúpano. Los comercios cerraron sus puertas y la gente secuestró una gandola que pasaba por allí. Bajo el grito “¡queremos justicia!” y “¡entréguennos al violador!”, paralizaron la ciudad. “Eso estuvo feo”, comenta Otero.

Al día siguiente, los ánimos seguían crispados y no parecía avizorarse una tregua. Fue necesario traer a Cortesía de vuelta a Carúpano, pues se encontraba detenido en el circuito judicial de Cumaná.

El rastrillo. El internado de Carúpano se encuentra casi en el centro de la ciudad. Es una infraestructura pequeña, cubierta de alambre e incrustada en el corazón de la cuadra, sin barreras ni nada que lo separe de donde los ciudadanos hacen su vida diaria. En una de esas esquinas se arremolinó la gente al saber que traerían a Cortesía.




Foto: Cortesía Noel Otero| Luego de que se dispersara la multitud, el Cicpc hizo el levantamiento del cuerpo.


“A las 5:30 de la tarde debe haber llegado el hombre. La gente seguía pidiendo justicia y la Guardia Nacional tuvo que improvisar un cerco. Como a las ocho terminaron con el papeleo y lo pasaron a la celda. No habían transcurrido dos minutos cuando se escucharon un par de escopetazos. Luego nos enteramos que uno había sido al muslo y el otro a la cabeza”, narra Otero.

Lo que sigue parece extraído de una película sobre la Edad Media. Los presos arrastraron el cuerpo de Cortesía a un área que es conocida como “el Rastrillo” (una celda grande donde están la mayoría de los privados de libertad). Desde allí, los hombres gritaban “uh, uh, uh, uh”. Mientras, los manifestantes le respondían: “¡Que lo piquen, que lo piquen!”. Además, había comunicación telefónica y por mensajitos de textos intramuros.




Foto: Cortesía Noel Otero



Desde ese momento lanzaron afuera del internado varias partes del cuerpo de Cortesía. Cada una de ellas era recibida con algarabía. “Cuando cayó la cabeza, envuelta en una franela, la euforia fue total. Eso fue una sola fiesta”, señala Otero. En total, una hora y 40 minutos duró la carnicería.

La Guardia no se atrevía a intervenir. Y los funcionarios del Cicpc pusieron como condición para levantar el cuerpo que antes se dispersara la multitud reunida a las afueras del penal, pues temían que los agredieran. “Había cerca de 500 personas, pero los padres de Evelianny se habían retirado antes de que comenzaran los hechos”, explica el reportero gráfico. 

Ya pasada la noche, los efectivos policiales pudieron acercarse a las inmediaciones del penal y llevarse los restos de Cortesía. Adentro, el torso del hombre había sido calcinado. En una bolsa negra recogieron los retazos y en una camilla oxidada los trasladaron para hacerle la autopsia requerida. 




Foto: Cortesía Noel Otero


Al día siguiente, Carúpano amaneció lentamente. Con el aire marino como telón de fondo. Desperezándose, como si nada hubiese pasado. Ese miércoles 27 de junio, el pueblo amaneció en paz. 

Rabia, violación y masa

Los elementos decisivos en el caso suscitado en la población de Carúpano fueron la gravedad del crimen y la posibilidad de que quedara impune. La unión de esos dos factores fue lo que generó la furia colectiva. El riesgo de la impunidad despertó los atavismos del colectivo que imploraba por justicia.

Luisana Gómez, autora del libro “Lentes de género” y profesora de la Escuela de Derechos Humanos de la Defensoría del Pueblo, posee una amplia trayectoria en el estudio de esas manifestaciones sociales. “La posibilidad de que el hecho quedara impune es muy alta, porque la mayoría de los casos de violación no se denuncian, y cuando las víctimas lo hacen, tienen que pasar la mitad del juicio justificándose y demostrando que no actuaron provocadoramente”, señaló la especialista, quien además indicó que esos crímenes suelen suscitar solidaridad de parte de la comunidad. Recordó que, dentro de las cárceles, los privados de libertad acusados por violación son sometidos por sus compañeros. “Este caso toca una sensibilidad particular porque la comunidad se siente involucrada y la violencia de la reacción tiene que ver con la violencia del delito. Eso deriva en una rabia colectiva y sed de tomar la justicia por sus propias manos. Además, los movimientos grupales de masa son sensibles y las emociones se contagian muy rápidamente”, aseveró la psicóloga social.






Publicidad


Publicidad


Publicidad


Publicidad


Publicidad


Publicidad