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Sucesos | 24-01-2016 07:00:00 a.m.
Crónica Negra: En Primero de Mayo la vida no vale nada
La mujer estaba todavía tomando licor al frente de su quiosco junto con sus amigos cuando la llamaron para avisarle que a su hija la habían asesinado de cuatro disparos. Es el segundo hijo que le matan...
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Crónica Negra (Créditos: Reva)

Willmer Poleo Zerpa.- La mujer estaba sentada en la parte de afuera de su quiosco, en la entrada del barrio Primero de Mayo de El Cementerio, y tenía una cerveza en la mano. Otras dos féminas y un hombre la acompañaban. Vieron llegar el vehículo negro, en el que venían tres hombres jóvenes y que escuchaban una música estruendosa. El auto se estacionó al frente de unos muchachos y los tripulantes se bajaron y batieron las palmas con ellos, en señal de saludo.

Ya matamos a esa maldita, le dimos su merecido. Eso le pasó por sapa”, dijo uno de los jóvenes que andaba en el auto. En la parte trasera del pantalón se le podía ver la cacha de una pistola. Los otros dos también estaban armados. La mujer del quiosco los vio y los escuchó sin inmutarse. Estaba acostumbrada a escuchar esas historias. No era para menos, varios de sus hijos eran malandros e incluso a uno de ellos, que era el máximo líder del barrio Primero de Mayo, se lo habían matado hace cosa de tres años. A ese lo acusaban de innumerables crímenes, asaltos y secuestros.

Dos policías estaban parados en la esquina, pero ni pendientes de lo que ocurría a su alrededor, pues estaban ensimismados chateando por sus celulares. “Esos son los propios polibobos”, dijo una de las mujeres al tiempo que los señalaba con el dedo y todo el grupo soltó la risa. Dos jóvenes en moto se detuvieron frente al quiosco, dieron un rollito con plata a la señora y ésta les entregó un paquetico.

Los jóvenes que habían llegado en el auto decidieron marcharse, pero antes de hacerlo, uno de ellos sacó por la ventanilla una subametralladora y realizó varios disparos al aire. El conductor aceleró la marcha, al tiempo que los policía dejaban el chateo y sacaron sus armas de reglamento y comenzaron a mirar para todos lados, como tratando de adivinar quién había disparado.

Los del auto se detuvieron un poco más adelante y se pusieron a conversar con una muchacha del barrio y luego echaron otros disparos. Era obvio que celebraban lo que acababan de hacer. Luego sacaron unas cornetas para la calle y pusieron música a todo volumen y comenzaron a ingerir aguardiente y a consumir droga como desaforados. La muchacha con la que conversaron era la mujer de uno de los máximos líderes de Primero de Mayo.

Chismes mortales. María Carolina se bajó de la moto, se acomodó la pistola que llevaba en la cintura y caminó hacia el plan para tomarse unas cervezas con sus amigos. Era una mujer despampanante de unos 30 años de edad. Llegó con su sonrisa y de inmediato contagió a todo el grupo con su alegría. Cualquiera que la hubiese visto, por ejemplo, en un centro comercial de la ciudad, jamás podría imaginar que en realidad era una malandra, y malandra de esas que no se dejaban embromar con los malandros varones, a quienes no tenía miedo, por más mala fama que estos tuvieran.

En una ocasión uno de los gariteros el barrio se le quedó mirando los senos y ella sin inmutarse le dijo “qué te pasa menor, te gustan mis tetas? Si quieres te regalo una foto. No te comas la luz menor, ocúpate de tus cosas y déjate de estar viendo tetas ajenas”.

María Carolina parecía decir “pa’malandra yo” y eran muy pocos los malandros que fueron novios de ella, aunque si tenía muchísimos amigos delincuentes e incluso colaboraba con muchos de ellos. Su primer novio fue un joven trabajador, albañil, con quien tuvo dos hijos, y a quien mataron porque se armó una balacera en el barrio y él salió a asomarse en el balcón de su casa y recibió un balazo; su segundo novio era un mototaxista, con quien tenía una bebé chiquita.

La tía Felipa que la conoció de pasada en una ocasión, me dijo que era una mujer que no se dejaba joder con nadie, pero que era full amiga de los amigos, con unos sentimientos nobles y que tenía muchísimos amigos y amigas en el barrio.

Se la pasaba para arriba y para abajo en la moto de su esposo. Por donde pasaba la saludaban con afecto. Se aisló un poco de Primero de Mayo porque se metió en un refugio con la esperanza de que le dieran un apartamento y efectivamente lo logró. Le asignaron un inmueble de Misión Vivienda en la esquina de Isleño, cerca de la botica de Velásquez, bajando por la Lecuna, donde de inmediato hizo muchos amigos y se convirtió en la líder del urbanismo.

La última vez que fue a Primero de Mayo discutió nada menos que con “El tuerto”, máximo líder de la zona, porque éste le dijo que le habían chismeado que ella estaba saliendo con un policía. Ella le contestó que era falso, que ella tenía su esposo, que era el mototaxista y que además él no tenía que estarse metiendo en la vida de ella. “El Tuerto” se molestó, sacó la pistola y se la puso en la cabeza y la corrió del barrio, no sin antes amenazarla para que no volviera y le gritó delante de todos “bruja, sapa, batanera”. Y ella se fue, pero antes le dijo sus cuatro cosas a “El Tuerto”.

Días después hubo un fuerte operativo en Primero de Mayo. Era la primera vez que la policía se les metía con tanta decisión, y hubo algunos delincuentes abatidos, otros detenidos, pero lo más importante es que se rescataron a varias personas que mantenían cautivas.

“El Tuerto” logró escapar de la embestida de las autoridades y cuando regresó al barrio no había quien le quitara de la cabeza que María Carolina había sido quien los había delatado y por eso fue que subió la policía al cerro y allanó precisamente las casas donde mantenían a los secuestrados.

Se dice que desde ese instante, dio la orden para que la joven fuese asesinada, lo que en efecto ocurrió el sábado 19 de diciembre en horas de la noche a las puertas del urbanismo donde vivía. Los hampones llegaron en un carro negro. Un jovencito se bajó, pistola en mano. Le lanzo seis disparos y le pegó cuatro. Caminó como si nada hacia el auto y se marcharon.

La mujer estaba todavía tomando licor al frente de su quiosco junto con sus amigos cuando la llamaron para avisarle que a su hija la habían asesinado de cuatro disparos. Es el segundo hijo que le matan.

wpoleo@grupo-un.com | @Willmerpoleo



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