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Política | 21-03-2016 06:00:00 a.m.
El Espejo | ¿Vira la región?
El proceso de cambio que se opera en Latinoamérica, con logros importantes en cuanto a participación popular, en lo económico, social y cultural, luce actualmente estancado o, para ser más exacto, acusa un evidente retroceso
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José Vicente Rangel (Créditos: Google)

ÚN.- El proceso de cambio que se opera en Latinoamérica, con logros importantes en cuanto a participación popular, en lo económico, social y cultural, luce actualmente estancado o, para ser más exacto, acusa un evidente retroceso. La izquierda y los sectores progresistas de la región asumieron la vía pacífica en diversos países. La derecha, que tradicionalmente ejercía la hegemonía, fue derrotada con sus reglas de juego. Las victorias electorales se sucedieron con reiterada frecuencia. El adversario, desconcertado, no atinaba a explicarse lo que ocurría. Éxitos en naciones de América Central y en países como Ecuador, Perú, Chile, Argentina, Paraguay, Bolivia, Uruguay, Brasil, Venezuela, confirmaban lo acertado de una estrategia electoral que hasta entonces había fracasado.

2 Pero es indudable que la situación en la región ha comenzado a cambiar sustancialmente. La experiencia que había dejado la adopción de una política justa de participación, de acumulación de fuerza, de abordaje de los problemas concretos de los ciudadanos, generó con éstos un vínculo cuyos resultados positivos no se hicieron esperar. Pero con el correr del tiempo quedó claro que no bastaba para consolidar los procesos de cambio con el éxito electoral. Que la tarea de gobernar era extremadamente compleja. Que no era suficiente mantenerse en el gobierno y que el mayor desafío consistía en la realización de una obra transformadora eficaz, bien gerenciada, que garantizara beneficios estables para la colectividad.

3 ¿Qué significa en el actual contexto, y en relación con el proceso de cambio vivido por la región en la última década, impulsado por las fuerzas progresistas, antimperialistas, democráticas, el viraje que se observa? ¿Qué lectura tienen las derrotas electorales del movimiento renovador ocurridas últimamente? ¿Qué explicación tiene la victoria de la derecha en Argentina, en Venezuela y Bolivia, sin duda tres experiencias emblemáticas? ¿Qué razones explican los triunfos de una derecha que recupera espacios y poder, y el fracaso de la conducción del movimiento popular en los episodios vividos últimamente?

4 ¿Acaso lo que sucede es consecuencia del desgaste natural que experimenta todo gobierno? Esta podría ser una explicación para algunos, pero carente de rigor científico. ¿Acaso una mala gestión de gobierno lo explica todo? Tal factor influye, pero si es analizado en función de una perspectiva como la que ofrece la derecha, cuyo fracaso es históricamente irrebatible, carece de pertinencia. En esta situación hay algo que no admite discusión: las derrotas en serie, en países con sus propias particularidades y con realidades diferentes, requieren de un análisis a fondo. Específicamente en la conducción de los procesos de cambio, en materia de política de alianzas, en los cambios sociales que se han operado, y en la capacidad para reaccionar que posee el establecimiento político, económico y comunicacional de la derecha, tanto local como internacionalmente. Esta situación llega a tales extremos que con base en las mencionadas experiencias, la venezolana, la argentina y la boliviana, reveladoras del manejo de nuevos códigos electorales, se impone una actualización de los que hasta ahora ha utilizado el movimiento popular. Ha habido un cambio decisivo en los patrones electorales clásicos con la participación determinante de los medios y de las redes sociales. No obstante, esta nueva realidad es causa suficiente para explicar lo que sucede en el terreno electoral, pero no hay duda de que pesa. Por consiguiente, urge un análisis en profundidad de lo que está pasando con la redefinición política e ideológica que se observa en la región.

El formato golpista

Manuel Cabieses es un brillante periodista chileno. Vivió y trabajó durante buena parte de su exilio en Venezuela, donde escribió un libro -Venezuela OK- revelador de la represión durante la IV República. Dirigente del MIR y director de la revista Punto Final, tribuna político-ideológica clausurada por la dictadura; prisionero en los campos de concentración de Chacabuco y Puchuncaví, publicó hace poco el libro Autobiografía de un Rebelde, en el que refiere episodios de la lucha política y gremial a la que dedicó su vida. Siempre pendiente de Venezuela, de las amenazas contra el proceso bolivariano, advierte en un pasaje de la obra sobre la conspiración en Chile contra Salvador Allende y sus similitudes con lo que hoy ocurre en nuestro país. Relata la angustia que acechaba a gente ligada a Allende, periodistas de confianza del presidente, como el caso de Augusto Olivares, quien combatió el 11 de septiembre en La Moneda, y para no caer en manos de los golpistas se suicidó. Cito el pasaje correspondiente: “Sobre Olivares hay que destacar que en forma permanente él estuvo denunciando que la actividad opositora encubría una conspiración dirigida por la CIA. Sobre todo esclareció el rol que jugaban los medios de comunicación mercenarios orientados por expertos en guerra sicológica, como más tarde lo confirmó la Comisión Church del Senado norteamericano. Tanto en esa materia como en otros aspectos de lo que constituyó el complot para derrocar a Allende -el desabastecimiento y las colas para comprar alimentos y otros artículos de primera necesidad, la agitación de los gremios empresariales, etc., etc.-, en los tiempos actuales lo hemos visto repetirse de modo casi idéntico en las maniobras imperialistas para derrocar al presidente venezolano Hugo Chávez y luego a su sucesor, Nicolás Maduro”. La comparación es válida: no se trata de mera coincidencia, sino de un formato aplicado con rigurosidad por aquellos factores que armaron la conjura contra Allende y que en estos momentos hacen otro tanto en Venezuela contra Maduro.

Manuel Cabieses es un brillante periodista chileno. Vivió y trabajó durante buena parte de su exilio en Venezuela, donde escribió un libro -Venezuela OK- revelador de la represión durante la IV República. Dirigente del MIR y director de la revista Punto Final, tribuna político-ideológica clausurada por la dictadura; prisionero en los campos de concentración de Chacabuco y Puchuncaví, publicó hace poco el libro Autobiografía de un Rebelde, en el que refiere episodios de la lucha política y gremial a la que dedicó su vida. Siempre pendiente de Venezuela, de las amenazas contra el proceso bolivariano, advierte en un pasaje de la obra sobre la conspiración en Chile contra Salvador Allende y sus similitudes con lo que hoy ocurre en nuestro país. Relata la angustia que acechaba a gente ligada a Allende, periodistas de confianza del presidente, como el caso de Augusto Olivares, quien combatió el 11 de septiembre en La Moneda, y para no caer en manos de los golpistas se suicidó. Cito el pasaje correspondiente: “Sobre Olivares hay que destacar que en forma permanente él estuvo denunciando que la actividad opositora encubría una conspiración dirigida por la CIA. Sobre todo esclareció el rol que jugaban los medios de comunicación mercenarios orientados por expertos en guerra sicológica, como más tarde lo confirmó la Comisión Church del Senado norteamericano. Tanto en esa materia como en otros aspectos de lo que constituyó el complot para derrocar a Allende -el desabastecimiento y las colas para comprar alimentos y otros artículos de primera necesidad, la agitación de los gremios empresariales, etc., etc.-, en los tiempos actuales lo hemos visto repetirse de modo casi idéntico en las maniobras imperialistas para derrocar al presidente venezolano Hugo Chávez y luego a su sucesor, Nicolás Maduro”. La comparación es válida: no se trata de mera coincidencia, sino de un formato aplicado con rigurosidad por aquellos factores que armaron la conjura contra Allende y que en estos momentos hacen otro tanto en Venezuela contra Maduro.

Laberinto

Está claro que Obama no quiere abandonar la Casa Blanca dejando a Maduro en Miraflores. Por eso pisa el acelerador de la desestabilización y de las provocaciones. No cuida las apariencias. Optó por dar la cara, y mientras exalta el acuerdo con Cuba y se dispone a visitar la isla, con el cinismo que lo caracteriza acentúa los ataques contra Venezuela. La prórroga de su miserable decreto declarando al país amenaza a la seguridad de EEUU, es un estímulo a la conspiración en marcha. Abiertamente hace causa común con los golpistas del 11-A y con los terroristas guarimberos de febrero del 2014…

Dentro de la MUD se hacen esfuerzos por disimular las tensiones que existen en el seno de la alianza. Para impedir que éstas trasciendan y para ello cuentan con el silencio, forzado por la censura interna de algunos medios de comunicación. Sin embargo, los factores que pugnan por el control total del organismo chocan a cada rato. Los liderazgos de Ramos Allup, por un lado, y de Julio Borges, por otro, hacen esfuerzos por consolidar posiciones. Hacia la calle, las ventajas las tiene el actual presidente de la AN, posición que le da indudables privilegios, mientras que Borges persevera en un trabajo con proyección al interior de la MUD. ¿Cuánto durará este estira y encoge? Por ahora resulta difícil cualquier predicción, pero lo que sí es cierto es que la situación afecta la actividad opositora. Las convocatorias para asambleas internas y actos públicos arrojan un saldo deplorable en cuanto a participación y emoción se refiere…

En la historia de Venezuela nunca se vio algo parecido a la actitud asumida por la oposición ante el decreto de Obama. Una posición tan rastrera e irresponsable no la practicaron ni las peores dictaduras. El pueblo venezolano pasará recibo.






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