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POLÍTICA | 28/05/2013 12:09:00 p.m.
Así se despidió Mario Silva de La Hojilla
"Nadie, lo digo con todas mis fuerzas, me puede acusar de contrarrevolucionario", aseguró Silva, quien dice retirarse por problemas de salud y para someterse a las investigaciones pertinentes

Así se despidió Mario Silva de La Hojilla
Dijo que se someterá a cualquier investigación (Creditos: Nelson Castro)
ÚN-. Mario Silva se pronunció una vez más en torno al audio que presentaron los diputados de la MUD hace una semana. Esta vez lo hizo a través de un comunicado publicado en el portal web Aporrea, donde expresa: "No le debo disculpas a nadie, pues si de algo me podrían acusar y condenar es de ser fiel defensor del legado del Comandante".

A continuación lea el comunicaco completo:

Los emperadores romanos, los césares en la antigua roma, acostumbraban distraer la atención de sus problemas políticos dando a la plebe romana pan y circo. Mientras el emperador saludaba a los gladiadores agitando su pañuelo, estos gritaban: ¡Ave César Imperatur moritori te salutan! (¡Ave César Emperador! Los que vamos a morir te saludamos).

Desde el pasado 22 de mayo he estado retirado por dos razones fundamentales. Una, por mi salud. Tenía que seguir un tratamiento por una recaída que tuve en La Habana el 20 de mayo. Y, segundo, porque decidí entregar el espacio de La Hojilla y ponerme a disposición de la Fiscalía General de la República para facilitar que se me investigue por el bodrio presentado por Ismael García ante los medios privados.

No voy a agregar nada nuevo con relación al audio que presentaron y se me ocurre que, como los gladiadores de los circos romanos, sería mejor esgrimir esa frase: “Los que vamos a morir te saludamos”, porque se han hecho todo tipo de conjeturas –unas coherentes, otras menos-, y estoy asistiendo a un juicio tácito implacable que en buena medida me recuerda una frase del Comandante Chávez cuando nos decía: “Hay que atizar las contradicciones”. Lo cierto es que debo reiterar que no le debo disculpas a nadie, pues si de algo me podrían acusar y condenar es de ser fiel defensor del legado del Comandante y custodio junto a mi pueblo de ser garante de la independencia que nos dejó… Pero, como en los circos romanos la sangre es fundamental. Pues ¡Ave César!

El primer punto al que me quiero referir es a las declaraciones de propios y extraños que han salpicado los medios de comunicación.

De los extraños, no podía esperar menos que una diarrea de sandeces. Se ha dicho de todo. Desde mi exilio en Cuba, hasta que me pusieron preso cuando pretendía huir abordando un avión en Maiquetía. Incluyan además que me compre una casa nada más y nada menos que en Miami y todavía hay en la oposición él que sueña con verme saltando la talanquera. Supongo que me quieren convertir en un héroe gusano para emular a Aponte Aponte como si fuera un vulgar delincuente. Todo esto suena ridículamente absurdo si no fuera porque algunos camaradas estaban expectantes ante esta especie de Crónica Policial. Pero, en fin, de todo hay en la viña del Señor.

De los propios hay una serie de declaraciones, algunas de ellas a título personal, que no dejan de ser curiosas. Partiendo de la base de lo que me he permitido en tildar de plan casi perfecto para sacar La Hojilla del aire, me he encontrado con declaraciones que giran en torno a la defensa de la moral y el honor de los que aparecen mencionados en el bodrio presentado por esa porquería llamada Ismael. Esto me parece sumamente contradictorio, pues se supone que el audio carece de veracidad. En consecuencia, ¿Cuál es la preocupación? Es decir, Mario Silva no ha sido citado a la fiscalía, Mario Silva no ha sido condenado, pero hay declaraciones que son una aprobación tácita a su contenido. De hecho, no ha surgido ni una defensa a Mario Silva, La Hojilla está fuera del aire y se ejecutaron hechos colaterales que oportunamente hice del conocimiento a instancias superiores. En honor a la verdad, jamás le pedí a mi Comandante Chávez que me defendiera, aún cuando mostró su preocupación públicamente cuando surgían este tipo de campañas. Nunca me gustó comprometer a nadie y siempre me he hecho responsable de mis opiniones a lo interno y frente a las cámaras. Sin embargo, debo agradecer a quienes han opinado tanto en lo técnico como en lo político. De igual manera a la TROPA en las redes sociales y sobre todo, muy especialmente, al pueblo que es a fin de cuentas a quien me enseñó mi Comandante Chávez dirigir mi lucha.

Por cierto, hablando de esos hechos colaterales y como autocrítica, la salida del aire del camarada Vladimir Acosta y Toby Valderrama de Radio Nacional de Venezuela, la salida del profesor Arenas de Asamblea Nacional Radio y, creo también de Martín Guedes son altamente preocupantes. Mi Comandante Chávez debatía lo que tenía que debatir cuando se presentaban voces amorosas de alerta a los errores que pudieran cometerse. Quisiera pensar que estas salidas son producto del excesivo celo de algunos funcionarios, que en su afán por demostrar lo “muy revolucionarios” que son, no entienden que más allá de sus funciones hay un pueblo que escucha, opina y vigila la Revolución. Además ¿De qué se puede acusar a estos camaradas y qué moral tienen estos funcionarios como para decidir qué o cuál tema debe salir al aire o qué amistades deben cultivar?

Después de catorce años, la derecha y la ultraderecha de este país, no ha entendido que este pueblo cambió. No hay posibilidad de engañar a nuestro pueblo. Después del 5 de marzo, fecha triste y muy dura para todos los que consideramos y entendemos que no hay otra vía posible que la señalada por el Comandante Chávez, se agudizó la percepción del Poder Popular, porque nuestro enemigo tiene los mismos rostros del 11 de abril de 2002, del paro petrolero golpista, de las guarimbas, de los reiterados y cada vez más refinados ataques de la oligarquía, la plutocracia, y quienes ahora pretenden vestirse de “dialogantes” y esgrimen discursos muy edulcorados, cuasi llorosos, algunos cínicamente aduladores de las políticas que el Comandante impuso para llevarle justicia al pueblo, pero que necesitan –según ellos-, ciertas reformas para que convirtamos la revolución en, ahora sí, una democracia incluyente. Son los mismos que presionan desapareciendo de manera criminal los alimentos que luego aparecen de manera milagrosa cuando logran el alza de los precios. Son los mismos que colocaron un operador en la morgue de Bello Monte para contar hasta los muertos de causa natural, pero que prometen no hacer más esos reportajes perversos de sangre y dolor. Son los mismos rostros y el pueblo sabe quiénes son.

Aquí no se trata del supuesto audio o si La Hojilla sale o no sale del aire. De más está decir que sobran los espacios para que Mario Silva exprese su opinión, porque La Hojilla podrá salir definitivamente del aire, pero ya restablecido y sin el programa, podré dedicarme a escribir, a hacer mi programa de radio y a opinar; lo que siempre he hecho desde que esta Revolución dijo presente.

Aquí el problema grave es otro. El problema son once muertos ocasionados y aupados por los mismos rostros de siempre y la posibilidad de que quede impune este nuevo ataque artero y criminal de los fascistas. El problema son las mismas promesas de redención y apoyo por parte de esos mismos sectores que auparon esos ataques criminales. El problema es que ellos creen que nos hemos debilitado con la ausencia física del Comandante y esgrimen con una sonrisa, ocultando detrás el puñal, la promesa de no reincidir, cuando lo han hecho una y otra vez cada vez que ven afectados sus intereses. La Hojilla puede salir del aire, pero es que eso no soluciona las crisis que seguirán creando de manera artificial para que el fascismo siga avanzando en su objetivo que no es más que uno: tomar el poder… La plutocracia ha venido extendiendo sus tentáculos y no basta con declararme hijo de Chávez si no entiendo perfectamente las lecciones y advertencias que durante veintiún años nos estuvo señalando el Comandante Supremo de la Revolución Bolivariana, Hugo Chávez.

El Comandante siempre nos habló de la fuerza incontenible del pueblo y fue por ello que nunca dudó de esa fuerza avasalladora que se identificó con él en los momentos de crisis. La fórmula del Comandante fue única y poderosa: Jamás abandonar al pueblo a la suerte del capitalismo depredador y estar siempre vigilante de hacer de la justicia, de la solidaridad y el amor, una bomba atómica que le produjera terror a la oligarquía. Nunca el pueblo abandonó al Comandante y eso se hizo patente con el dolor tan grande expresado durante las dos semanas que estuvo en capilla ardiente en su amada Academia Militar.

Nadie, lo digo con todas mis fuerzas, me puede acusar de contrarrevolucionario. Ese no es un hecho retórico. Es una verdad gigante como los tepuy de mi Guayana natal. El 8 de diciembre de 2012, el Comandante Supremo dio una orden: ¡Es Maduro! Y, carajo, respondimos ¡Es Maduro! También nos dijo ¡Tenemos Patria! Y, carajo, ¡Claro que tenemos Patria! De igual manera nos habló de ¡Independencia! Y, carajo, ¡Claro que tenemos Independencia! Casi tres meses después lo vimos consumirse por nosotros. Se apagó antes de tiempo su vida puesta al servicio de todo el pueblo venezolano. Llegó ese dolor que lacera, que nos atraviesa el alma, ese dolor que nunca quisimos que llegara. Pero, su muerte física se convirtió en energía, se convirtió en juramento, se convirtió en sangre de nuestra sangre, vida de nuestra vida y pensamos en todos los hijos de la Patria, los hijos que él adoró y por los que estuvo luchando desde que era el Arañero de Sabaneta y redoblamos haciendo nuestra, carajo, su rebeldía permanente. Nos enseñó a no ser pendejos y a estar alertas. Le enseñó a nuestro Pueblo, a todos nosotros, carajo, a ser custodios de su legado, ¡Vigilantes de su legado! ¿Quién carajo puede acusar a todo un pueblo de ser custodio del legado del Comandante Supremo Hugo Chávez?

Por otro lado ¿A qué le teme la burguesía parasitaria y dependiente del imperialismo yanqui? Pues le teme al legado del Comandante Chávez, le teme a las comunas, le teme al pueblo organizado haciendo uso de los medios de producción social, le teme a la lucha de clases, le teme al Poder Popular. Y no estoy inventando nada, porque el Comandante Chávez fue muy preciso al respecto: “Un socialismo del siglo XXI autóctono con características propias de nuestra realidad social y económica”. Un socialismo que ponga por delante el bien social, el bien colectivo ¿Acaso estoy inventando algo? La oligarquía jamás dejó de atacar, descalificar y despotricar del Comandante Chávez, como jamás dejó de atacar y descalificar los logros de la Revolución Bolivariana. Nunca lo venció y se fue físicamente invicto. En consecuencia, la frase Patria Socialista o Muerte nunca estuvo tan acertada ni tan internalizada por nuestro pueblo.

Los medios de comunicación privados, aquellos que participaron y dirigieron el golpe de abril de 2002 siguen haciendo de las suyas. Son las mismas porquerías que se expresan por los medios de comunicación desde la gusanera en Miami. Ahora, él que crea que se van a apaciguar o a pacificar los medios golpistas, está muy equivocado. Toby Valderrama, a quien no se le puede acusar de contrarrevolucionario es muy preciso al respecto. La oligarquía solo será apaciguada mientras entienda que puede retomar el poder e irá exigiendo cada vez más hasta que tome el poder y se decida a exterminar cualquier rastro de chavismo en nuestra Patria. Esta no es una hipótesis, es una realidad política incuestionable.

Por otro lado, me llama poderosamente la atención que no se haya salido en defensa del Comandante Fidel, del Comandante Raúl, de los camaradas internacionalistas, del valiente pueblo cubano, que han tenido que soportar estoicamente una andanada de descalificaciones, golpes bajos, y el consabido remoquete de “agentes del G2 cubano”, cuando lo que nos han regalado ha sido salud, deporte y la dignidad y moral que han hecho de la Revolución Cubana una referencia para América Latina y el mundo. Yo, Mario Silva, no tengo ningún complejo en decirlo, me siento tan cubano como venezolano, latinoamericano e internacionalista, ciudadano del mundo, defensor de las ideas de Bolívar y Martí, del Ché y Zamora, de Camilo y Argimiro, de Fidel y Chávez. No es un secreto para nadie mi incuestionable amistad con el pueblo cubano que fue reforzada por la amistad y el amor que sentía nuestro Comandante Chávez hacia ese pueblo digno y valiente. ¿Acaso, por una acusación con visos claramente golpistas, voy a renegar de mi apoyo irrestricto a la Revolución Cubana? Disculpen, pero sería como negar al mismísimo Comandante Supremo Hugo Rafael Chávez Frías. Si tengo que ser acusado de “agente cubano” porque amo y apoyo abiertamente lo que se ha hecho en materia de salud en los barrios y a favor de los humildes de mi Patria. Si tengo que ser acusado por apoyar y amar a los compañeros internacionalistas por las millones de consultas, operaciones quirúrgicas, tratamientos a compatriotas nuestros en Cuba y el milagro en que se ha convertido el Convenio Cuba Venezuela, no hay ningún problema, bienvenida sea la acusación. Más que una acusación, es una medalla que aceptaría con el corazón.

Finalmente, recordemos siempre que esta es una Revolución Cívico Militar. Pueblo y Fuerza Armada, que es lo mismo decir Fuerza Armada y Pueblo. Nuestro Comandante Supremo Hugo Chávez fue militar y pueblo, pueblo y militar. Esa sinergia es indestructible, amorosamente indestructible. Él nos enseñó a respetar y amar a la Fuerza Armada Nacional como ente indivisible de una revolución en progreso constante, el mismo ejército que con Simón Bolívar al frente traspasó fronteras para liberar a los pueblos y no para invadirlos. Si el síndrome Santander gravita por encima de nuestra Revolución, el pueblo sumará millones de Chávez para mantener la Independencia que el Comandante que hoy reposa en el Cuartel de la Montaña, se entere que el grito liberador recorrerá nuestras calles para derrotar nuevamente al fascismo.

Recuerdo que cuando estaba de campaña para la gobernación de Carabobo, el Comandante Chávez en una de sus giras por esa región me dijo: “Al enemigo hay que derrotarlo políticamente. Nuestros argumentos deben pesar más que el Estado”. Por eso me importa muy poco lo que puedan hacer conmigo. Mi Comandante dio su vida por este pueblo ¿Qué carajo puedo hacer con la mía si no ofrendarla por su legado?





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