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MUNDO | 07/08/2012 10:04:10 a.m.
"Rechazo la acusación de acoso sexual"
El exembajador de Venezuela en Kenia, Gerardo Carrillo Silva, rechazó las acusaciones en su contra

Hugo Vílchez | Últimas Noticias-.

El vuelo en el que regresaba a Venezuela Gerardo Carrillo Silva (52 años) llegó con turbulencia. Después de transcurrir las 16 horas que separan a África de América del Sur, y atravesar el océano Atlántico, el diplomático aterrizó en Maiquetía, con escala de por medio y el huso horario cambiado. La travesía, que podía ser un largo peregrinar, apenas se iniciaba.

El 19 de mayo, luego de que la Segunda Secretaria de la Embajada en Nairobi (Kenia), Jennifer Schell, y su esposo lo llevaran al aeropuerto Jomo Kenyatta, abordó el vuelo de la línea Air France/Air Kenia, con escala en París. Arribó a Venezuela el día 20, a las 2 pm.

Su presencia aquí se debía a que -tres días antes, por correo electrónico- había recibido una carta procedente de la Dirección de Recursos Humanos del Ministro de Relaciones Exteriores de Venezuela con indicaciones de que "debía viajar al país", advierte en una entrevista realizada telefónicamente.

Antes de partir, se reunió con el equipo de la misión diplomática en el país africano. Entre los asistentes estaba Dwight Sagaray (Primer Secretario y detenido actualmente como sospechoso en la muerte de la embajadora interina Olga Fonseca), para informarle sobre la decisión que habían tomado en Caracas y de lo que contenía la misiva. "Les indiqué en ese momento que cada quien permanecería haciendo sus funciones hasta volver nuevamente a Nairobi". Lo último que imaginó es que tres días después su nombre aparecería en los medios de comunicación, acusado por sodomía en el país africano.

Antecedentes conflictivos. Carrillo recuerda que cinco o seis meses después de la llegada de Sagaray (en julio de 2010) la situación en la Embajada comenzó a tornarse muy tensa, porque "se negaba a reconocer mi autoridad".

Carrillo Silva explica además que en la Embajada de Venezuela en Kenia trabajan 12 empleados (personal local) y algunos de ellos comenzaron a cambiar la actitud en el cumplimiento de su labor, según él influenciados por Sagaray. "Advertí en dos oportunidades, por teléfono, del problema; una a finales del año pasado y otra en febrero cuando la situación se hizo insostenible; y de ello eran testigos otros diplomáticos de la Embajada", relata.

Asegura que su relación con el personal durante el tiempo que estuvo en la Embajada fue la que corresponde en estos casos. "De respeto; a pesar de las circunstancias de tensión constante procuré evitar molestarme y conducir todo dentro de los canales propios para estos casos", explica.

Ya en Venezuela, el 21 de mayo en la reunión a la que acudió en la Cancillería, le entregaron la resolución de cese de sus funciones. "Y se me informó que no podía volver a Nairobi hasta que el administrador de la Misión me depositara el dinero para regresar allá y recoger mis cosas. Se me indicó que la persona encargada de la Embajada había sido nombrada y era Sagaray, quien se ocuparía de los trámites".

Recuerda que dejó cerrada con llave la habitación principal de la residencia oficial con todas sus pertenencias (además de los suiches de los dos automóviles pertenecientes a la misión diplomática), y se trajo a Venezuela la llave de la habitación, "pues se suponía que iba a regresar". Sin embargo, durante su ausencia las cerraduras de la residencia fueron cambiadas, de acuerdo con lo que le informaron.

Cuenta Carrillo que en dos oportunidades tuvo que usar el botón de pánico que instaló una compañía de seguridad en la residencia porque sintió que había personas extrañas: "Lo hice porque hasta los perros no paraban de ladrar", pero, al parecer, no sucedía nada. La residencia, ubicada en el exclusivo sector de Runda, tiene un gran jardín; a un costado hay un espacio vacío y la habitación principal está en el primer piso.

Desde su retiro de la Cancillería el pasado 21 de mayo "sólo obtuve mi dinero de la caja de ahorro y aún espero por mi liquidación", señala.

Días calientes. El 23 de mayo, en la mañana, Carrillo recibió una llamada desde Nairobi. "Me llamaron para decirme que aparecía en una foto en la portada de un periódico de allá acusado de acoso sexual, entre otras cosas. Además se afirmaba que había huido a París. En la tarde del mismo día, el canal de noticias Globovisión me señalaba gracias a un tweet que había recibido desde África (el único), con un nombre equivocado, en el que me señalaban y de una vez me sentenciaron".

Carrillo estuvo en la Embajada por siete años (desde 2005), cinco de ellos como segundo en jerarquía después de la embajadora. Cuando su jefa fue nombrada para otro cargo fuera de Nairobi, a él se le designó como Encargado de Negocios. "Durante esos siete años nunca pasó nada, ¿por qué luego de mi partida me hacen parecer que huí?", se pregunta.

Considera que los medios manejaron a la ligera lo que pasó en Kenia y convirtieron la situación en una suerte de escándalo sexual con visos políticos: "Este tema es muy sensible culturalmente en el continente africano", sentencia.
Hoy, el funcionario está consternado. "Rechazo la acusación de acoso sexual. Eso no es cierto", afirma convencido.

No es nuevo. Hace tres años, Carrillo pensó en retirarse de la Embajada porque sintió que el ciclo había concluido. "Pero por diversa razones, entre ellas de trabajo, me convencí a mí mismo de que podía estar un tiempo más. Pero no me imaginé que esto tendría que pasar por una lucha de poder que desencadenaría una situación como esta. Debí haber hecho caso a mi intuición de retirarme y regresar a Venezuela".

Geógrafo de profesión, su trayectoria laboral ha estado vinculada a la agenda ambiental que incluyó cargos de directivo en el Ministerio del Ambiente; esta experiencia fue lo que permitió que lo designaran como parte del equipo de la Embajada de Venezuela en Kenia, la cual representa al país en Pnuma (ONU Hábitat) que trabaja asuntos relacionados con el ambiente y los asentamientos humanos.




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