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INVESTIGACIÓN | 06/01/2013 01:30:00 p.m.
Toda La Habana pendiente de Chávez
La influencia mediática del ha sido una constante, pero nunca había alcanzado los niveles actuales desde su recaída por el cáncer

Toda La Habana pendiente de Chávez
Los cubanos saben mucho de Venezuela (Creditos: Orlando Paro Lazo)
Albison Linares | ÚN.- En un callejón de Centro Habana, Mercedes Guerra camina con rapidez. Es enfermera en el Complejo Ortopédico “Frank País” y la blancura de su atuendo contrasta con las paredes sucias de las casas derruidas en las cuadras de este populoso barrio de La Habana. Con 44 años es una comunista ferviente y crítica: “Yo me crié aquí con Fidel. Lo vimos luchar después del derrumbe del Bloque socialista, enfrentarse a los Estados Unidos y al frente del país en el período especial. Yo no entiendo a la gente que se va, a los que se los comen los tiburones. Aquí nosotros, con pobreza, tenemos todo lo que necesitamos”.

En este barrio las miasmas de los contenedores de basura se mezclan con los aromas del “pan con croqueta” y las alas de pollo fritas que se venden en cada esquina. En las antiguas casonas, destruidas por el tiempo, viven hasta 20 familias en cuartos falsos creados por la necesidad de los vecinos: “Mucho cubano está equivocado. Piensa que si Chávez se muere nos vamos a destruir. Yo te digo que en Cuba el socialismo no se va a acabar por lo que le pase a otro presidente o a otro país. Eso lo decidiremos nosotros. A mí se me parte el alma porque soy enfermera y sé que Chávez está delicado pero si en algún lugar del mundo lo podemos curar, es aquí”.

La Habana vive una actividad incesante por estos días fruto de las medidas económicas tomadas por Raúl Castro que permitieron el surgimiento de los “cuentapropistas”, eufemismo cubano para definir a los emprendedores. Buhoneros, dueños de quincallas, paladares (pequeños restaurantes) y taxistas suelen entrar en esta nueva categoría que desde hace unos días paga impuestos por primera vez en 54 años. 

Luis Valladares es uno de ellos. Exmilitar, maneja un antiguo Lada desvencijado. Corre por las avenidas habaneras casi sin mirar. “Nosotros pensamos, como dijo Chávez, que ese es un proceso revolucionario que está bien hecho. Maduro es una gente bien capaz; claro, no es Hugo. Una cosa es ser líder y otra ser estadista. Chávez tiene liderado al pueblo de Venezuela, donde él se para no se puede parar Maduro. Como donde se para Fidel no se puede parar Raúl”.

Con los mismos gruesos brazos que cortaba lianas en el Congo y Angola durante la guerra, ahora corta las curvas de Marianao a velocidades insólitas mientras concluye:

 “Podemos decir que Chávez le debe la vida a Cuba y se va a recuperar, porque una de las cosas que hace que el paciente se recupere, te lo digo como militar porque he recibido soldados y oficiales heridos, es la voluntad. No es lo mismo la gente cobarde. Vi a Chávez cuando dijo que venía y vi el valor que tiene. En esta isla nosotros curamos presidentes, como pasó con Saddam y su columna. Acá lo vamos a salvar”.

De un hilo. El pasado 8 de diciembre Hugo Chávez informó que debía partir a La Habana para someterse a una nueva operación por su enfermedad y les pidió a los venezolanos que votaran por Nicolás Maduro, si era necesario. Fue la última vez que se le vio en público. 

Ese mismo día los cubanos observaron en directo como se interrumpía la telenovela para transmitir estas declaraciones. “Eso nunca había pasado ni con la Unión Soviética, China, ni con líderes latinoamericanos. Es más, no recuerdo que haya pasado con la enfermedad de Fidel mismo”, explica Ignacio Estrada, periodista y activista de la Comunidad Glbt.

Se define como un “ratón de los noticieros cubanos”. Le encanta ver cómo se contradicen, cambian versiones, suspenden transmisiones u omiten hechos que pasan en la capital cubana. Como los sucesivos cambios de sede diplomática de Venezuela, o la vez que, en 2010, los estudiantes venezolanos de medicina protestaron todo un día frente a la embajada por ausencia de pagos; o los militantes del Psuv, que cantan y gritan consignas en los cursos de instrucción política que se dictan en una casa de la calle 16 entre 1ª y 3ª.

Estrada está casado con Wendy Iriepa, transexual cubana que pasó de ser personal de confianza de Mariela Castro, hija de Raúl, a una paria del sistema por diferencias personales con ella. Actualmente es defensora de los derechos gay en la isla. “Hace poco salió en el periódico que Chávez estaba convaleciente. Al otro día decían que ya estaba caminando, después que habló con Nicolás Maduro por teléfono y dijeron en la televisión que iban a poner una entrevista entre Chávez y Maduro”, exclama entre risas. “Lo pasaron y la voz de Chávez nunca se escuchó. Ahí se perdió toda la credibilidad”.

Pocas veces en la historia de América Latina la salud del Jefe de Estado de un país ajeno despierta un interés tan acusado en los medios nacionales cubanos. Para Iriepa la respuesta es sencilla: “Si el Presidente venezolano, que Dios le dé mucha salud por años, muere o le sucede algo y tiene que dejar el poder para que lo ocupe otro grupo, creo que Cuba no se puede sostener. Es increíble nuestra dependencia por los 110 mil barriles diarios que mandan”.

El laberinto isleño.
Para los habaneros hay pocos secretos de su ciudad. Chávez no está exento de ellos. Se sabe que vive o se queda en el selecto reparto de El Laguito, número 32. Avenidas frondosas, pavimento regular, las jardineras perfectas y la simétrica sucesión de alcabalas y controles señalan que en esa urbanización vive gente importante. No se pueden tomar fotos, ni quedarse al frente bajo ninguna circunstancia.

Como todo el mundo también saben que está tratándose en el Cimeq, exclusivo centro de investigaciones médicas creado en los 80, que es el corazón del “Polo Científico del Oeste”, donde dicen con reverencia que “se conjuran milagros”. 

Allá en el reparto “Las Flores”, lejos del mar y a 40 minutos del aeropuerto, peregrinan a visitarlo los altos personeros del Gobierno. Nadie tiene acceso al Cimeq, enorme estructura que abarca media manzana, sin tener una autorización previa de los familiares del paciente tratado o un expediente clínico que amerite su entrada. 

Un grupo de soldados en la entrada y la oficina de recepción de documentos, también custodiada por militares, son requisitos previos a la entrada.

Pocos saben que también se trata en el Hospital Oncológico de La Habana, por lo que una caravana de vehículos diplomáticos venezolanos solía inundar las calles de El Vedado por la calle Paseo hasta la Plaza de la Revolución, todos los días. Siempre a las 8 o 9 de la noche. Pero después de la reciente operación esto no ha vuelto a pasar, por eso muchos dicen: “Está malito, el compañero”. 

Cero Celebración

Para escritores como Orlando Luis Pardo, agudo observador de los medios y el ambiente de la ciudad, algo "pesado" está pasando: "Desolación total, cero festividades, cero fanfarria mediática, disparos al aire ocasionales, como de costumbre en los barrios y calles vacías desde las 9 am del 31 de diciembre hasta las 12. En mi barrio no vi tirar agua hacia la calle como es costumbre". Según Pardo, las cosas no mejoraron el primero de enero, que fue un día "hueco, clueco", casi sin transporte y muy caluroso. Sin celebraciones grandes por el aniversario de la Revolución Cubana. Algo que también le llama poderosamente la atención es la poca información sobre el Presidente venezolano en estos días: "De Chávez ni una palabra, la gente ni se inmuta tampoco, de vez en cuando alguien comenta que el dúo de Maduro y Raúl sí se va a poner para meter en orden toda la corrupción y el desbarajuste que hay". Así las cosas, por primera vez Cuba y Venezuela se encuentran unidas por la misma espera. Pareciera que el sino de Chávez sellará el destino político de ambas naciones.

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alinares@cadena-capriles.com


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