Pablo Kalaka y sus muros de resistencia

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Kalaka, como conocemos a Pablo Pérez, nació en 1975 en Chile de donde sus padres tuvieron que irse por ser de la Juventud Comunista y partidarios y colaboradores del ya para entonces derrocado y asesinado presidente Salvador Allende, iniciaba la dictadura de Pinochet.

Con acento y modos caraqueños, Kalaka recuerda lo malos que fueron sus padres para motivarlo “en ciencias, matemáticas, o incluso en deportes. En mi casa siempre hubo mucha cultura, mucho arte y se entendía como natural la importancia del arte en la vida humana”.

Su madre era pintora y su padre es el famoso ilustrador y activista social y político El Tano.

Hablan las paredes. Este venezolano nacido en Chile es un muralista, pintor e ilustrador, pero sobre todo se siente un artista urbano; del espacio público que se expresa en las paredes.

“Si hubiera que categorizar mi trabajo creo que es una especie de arte figurativo con temática de realismo mágico. Me interesa reflejar personajes envueltos en imaginarios culturales que los explican o definen como expresiones humanas de su cultura”, explica.

Sus murales están en EEUU, Cuba, Argentina, Francia, España y “en un pueblito de Alemania”.

Recuerda con especial agrado que en una pared chilena pintó “un diablo de Yare gigantesco que en la maraca tenía la rabo ´e cochino de Chávez y el que entendió, entendió. Y entendió quien tenía que entender porque sabotearon el mural y le echaron pintura encima y hubo que ir a repararlo” .

Asegura que “en Chile hay muchos venezolanos fachos y me siento muy bien de que fuimos vistos y ese diablo le llegó a quien tenía que llegar”.

En Venezuela sus pinceladas y brochazos está presentes en Cojedes y Sucre y en Caracas sus murales hablan desde Pinto Salinas, Bellas Artes (incluida la Plaza Contemporánea) y dialoga como parte del experimento en eterna mutación que conocemos como San Agustín del Sur, cuna del Grupo Madera y otras grandes herencias de la fusión del arte en la capital venezolana.

Recuerda que su trabajo habló desde “muchos lugares con murales que han sido fugaces y no sé si aún están ahí”.

Pintar en tiempos de bloqueo.“Es un momento muy difícil para las artes visuales, especialmente la pintura que necesita materia prima, el arte mural está relentizado, sobre todo en comparación con la danza y la música que están en un momento impresionate, porque ellas, si bien necesitan materia prima para trabajar, en términos generales es el cuerpo el que trabaja”, aseguró.

Como si el bloqueo los hubiese motorizado, opina que las artes escénicas viven en medio de la crisis un momento muy explosivo “y es la danza está llevando la delantera”.

“Los pintores necesitamos pintura que está ilocalizable, incomprable, impagable”. Reconoce la voluntad de algunas instituciones, pero la falta de dinero junto a “una especie de desorden en las prioridades y lo organizacional, nos aleja de la dinámica que tuvimos hace unos años; contamos con la suerte y con la buena disposición, por ejemplo de la alcaldía de Caracas con Érika Farías, pero sigue siendo muy errática e irregular”.

Agrega que “el bloqueo y el asedio nos traen problemas materiales difíciles de sortear, pero hay otro moral o espiritual, la falta solidaridad que deberíamos tener en un momento de crisis, de bloqueo y de guerra. Debemos brindarnos apoyo automático y no está pasando”.

“Hay una desesperación galopante y no entendemos que hay que cerrar filas; tiene que ver con el desgaste anímico y una balcanización del impulso emocional, estamos cada quien por su lado”.

Reacción defensiva
Explica que en Venezuela aumentó el trabajo directo con las comunidades y en su caso, especialmente la San Agustín donde entabla una “hermandad muy bonita con la gente de Marín, del Teatro Alameda, con los compañeros de Cumbe que están haciendo cosas por allá y eso es lo que toca, hay que pintar para las comunidades, para nuestra gente”.

“Están los compañeros de La Tribu, que es un colectivo multidisciplinario y da talleres para sus niños, llevan a Herencia, a los músicos y cada vez que uno puede va y pinta, esa es la pelea y aunque no es aún un movimiento nacional; una revolución explosiva y referencial, hay quienes resisten como Ciudad Canción, la danza que bailan con o sin luz y Tiuna haciendo lo que puede, junto a iniciativas de carácter muy burgués, pero bueno, eso también forma parte de la vida y hay que entenderlo”, concluyó.

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