José Roberto Duque, el escritor que se instaló en el campo a sembrar

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Su verbo es coloquial al igual que su pluma: sencilla y potente. Es de esos que escriben con el alma para que lleguen a todos esas historias que merecen ser bien contadas.

José Roberto Duque cuenta con 53 años de edad, 11 libros publicados, un sinfín de crónicas y anécdotas para compartir, pero ahora lleva más cosas consigo: semillas para repartir y tierra para sembrar. Es uno de los muchos que creen en el país y, por eso, se queda demasiado.

—Eres uno de los que te quedas…
—¿Te acuerdas del video aquel de los muchachos de “Yo me iría demasiado”? Bueno, yo me fui demasiado, pero pa’dentro, pal’campo. Yo me quedo en Venezuela, pero de vez en cuando tienes que coger carretera, coger camino.

—El profesional siempre quiere el confort de la ciudad y tú preferiste el campo.
—Descubrí que el confort es una cosa distinta a la que yo creía. En Doña Bárbara nos dijeron que la barbarie es llano adentro. No, eso no es la barbarie. La barbarie es lo que está pasando en la Cota 905. La vida está allá en otro lugar, en el campo, con la gente más relajada, más serena.

—¿Te quedaste para sembrar?
—Me quedé para intentarlo de otra forma. Estamos sembrando, criando conejos. Ha sido doloroso porque la cultura citadina se le queda a uno incrustado, pero este país tiene 35 millones de hectáreas cultivables. No hay nada que buscar en otro país; aquí hay demasiado territorio para inventar vainas.

—¿Qué estás sembrando?
—Tenemos semilla nativa, tapirama (frijol), una cantidad de hortalizas y todos los aliños de las hallacas los estamos sembrando desde ya: ajíes, pimentones, cebollas; todos los tenemos garantizados. La vaina es muy fácil.


—¿Es primera vez que cultivas?
—Ya en eso tenemos 10 años. ¡Mira lo tarde que empecé! La década pasada me entró la piquiña de abandonar Caracas para probar la vida de otra forma. Así andamos, pero eso debí haberlo hecho cuando tenía 20, pero nunca es tarde.

—¿Dónde estás sembrando?
—Primero fui a Mérida, después a Cojedes, Barinas y ahora estoy en Trujillo. Cuando no estoy sembrando estoy repartiendo semillas para que la gente se anime a sembrar.

—¿Sigues escribiendo?
—Sigo escribiendo. En estos días estaba revisando la biografía de Cervantes y la cantidad de coñazos que tuvo que dar por España y Europa antes de escribir El Quijote. Te da una clave: tienes que vivir un vainero porque, si no, no tienes qué escribir. Eso es así: hay que coger carretera, sembrar, tratar de hacer una casa, tener amores y que lo boten a uno. Todo eso es parte del proceso de escritura.

—¿Qué demostrarías al quedarte?
—Que en esta vaina hay un gentío con un potencial que lo está intentando de otra forma. Las formas creativas en las que anda la gente de resolver el problema del alimento y de cómo buscar los reales es una vaina insólita. Por ejemplo, se está dando algo muy natural que es el trueque. Se da en Caracas pero en el campo es más fácil porque muchos tienen muchas cosas sembradas y se da más natural; es más, creo que la gente nunca ha abandonado eso.

—¿Cómo ves el futuro del país?
—Muchos vendieron sus propiedades, se fueron con dólares “y que” a hacer fortuna y lo que hicieron fue gastar lo que tenían. Esa es la gente que se está devolviendo. Aquí los estamos esperando. Huir es una alternativa , pero las crisis se derrotan trabajando, no echándose a llorar. 

—¿Qué otros proyectos tienes?
—Hacer una casita con nuestras manos y con materiales alternativos. Hacerlo en familia, en comunidad y con criterio comunero es bonito y sabroso. Ese es el proyecto: hacerla con piedra, barro, madera y materiales desechables. Lo que la gente bota nos sirve a nosotros.

De la salsa a la crónica

Duque estudió Historia en la UCV y se ha destacado como hacedor de crónicas. Editó los libros Salsa y control (1996), Guerra nuestra: crónicas del desamparo (1996-1999), No escuches su canción de trueno (2000), Del 11 al 13: testimonios y grandes historias mínimas de abril de 2002 (2007) y Guerra nuestra: crónicas criminales: 1997-1999 (2012), entre otros. Y publicará dos más: Venezuela crónica. ¿Cómo fue que la historia nos trajo hasta aquí? y un manual de convivencia para caraqueños hecho por caraqueños.

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