Ser república

Ser república ha sido una aspiración venezolana desde que asomamos a la voluntad de vida soberana. Está en los papeles de Gual y España y en los documentos de Miranda.

En los debates del Congreso y la Sociedad Patriótica de los años 1810-11. En las proclamas de los libertadores. Es el rasgo común de nuestras constituciones, frecuentemente aplicadas defectuosamente e incluso incumplidas, pero ahí está, en el testimonio de una búsqueda tenaz, persistente, que cae y se levanta, que es aplastada y vuelve.

Esa historia accidentada, reflejo jurídico de lo que Mijares en “Lo afirmativo venezolano” saluda como la perseverancia de la Venezuela civil, nos la cuenta Jesús María Casal Hernández, uno de nuestros principales valores en el Derecho Constitucional, en sus “Apuntes para una Historia del Derecho Constitucional de Venezuela”, obra publicada por el Cidep de la Universidad Monteávila y la Editorial Jurídica de Venezuela, presentada en Caracas la semana pasada.

Inés Quintero, la historiadora y prologuista, valora entre las principales virtudes de este libro que nos invita a pensar “no sólo en el alcance y sentido de la propia idea de la Constitución como límite del poder público, sino también en el desafío que tenemos los venezolanos de recuperar, enriquecer y proteger la institucionalidad política de la República”.

Parte Casal con los orígenes de nuestro constitucionalismo y las influencias de la Constitución gaditana de 1812 y, claro, de las corrientes universales del pensamiento ilustrado y liberal de las revoluciones norteamericana y francesa, así como de las ideas escolásticas hispánicas.

Y continua en una didáctica revisión: la emancipación, Colombia la grande y su ruptura; el pacto entre centralismo y federalismo y la jefatura militar y la élite civil; la federación y la autocracia; el avasallante centralismo de Castro y Gómez; la transición reformista a la muerte de éste; la revolución democrática de 1945 y la década militarista; la democracia, la constitución de 1961 hasta el declive democrático (y nacional) llamado revolución.

La República no se trata de que los que mandan hagan lo que les parece y como el rey de la ranchera, su “palabra es la ley”. La República es la igualdad, una igualdad dinámica que entiende la diversidad y se realiza bajo el imperio de la ley, del poder limitado y distribuido al servicio de todos.

Reflexión para republicanos, sean jóvenes o viejos, civiles o militares. Antes que sea tarde.


Ramón Guillermo Aveledo
Político / @aveledounidad
rgaveledo@gmail.com

¿Diplomacia?

La misma crisis de gobernanza que se nota en la economía, la inseguridad, la escasez, los servicios de luz y agua y hasta las calles y carreteras decadentes, está presente en la política exterior venezolana, impactada además por la mala reputación internacional del grupo en el poder, sin contar sus supersticiones ideológicas, fuente de errores graves y costosos aquí y afuera.

Venezuela está fuera de la OEA, es la actitud oficial no obstante su legitimidad cuestionada. Aceptó al inteligente y experimentado enviado de Guaidó y la AN, pero el cuadro interno nos resta capacidad de incidir. La salida se aceleró cuando el grupo en el poder nos sacó de la Convención Americana de los DDHH, en cuya creación había colaborado tanto la República.

Antecedente de este paso funesto fueron las posturas típicas de las argumentaciones dictatoriales. Los que mandan lo celebran como un triunfo pero todos sabemos que sus implicaciones son negativas.

Venezuela está fuera de la Comunidad Andina por decisión del difunto Presidente para entrar en Mercosur, donde ahora está suspendida por incumplimiento de sus compromisos. La verdad es que el estado ruinoso de nuestra economía nos convirtió en más carga que ventaja.

La UNASUR, gran apuesta lanzada con abúndate retórica, colapsó y se deshizo. Entre el año pasado y este se fueron siete de sus doce miembros. Fue incapaz de designar un sustituto a su secretario Samper, que salió muy desprestigiado y para nombrar mediadores en el caso venezolano tuvo que recurrir a ex presidentes ajenos a la subregión. Penoso.

La CELAC, también anunciada con espectacularidad pirotécnica se fundó en 2011 en Caracas como una OEA sin EEUU ni Canadá pero con Cuba. Hizo cumbres en Chile, Cuba, Costa Rica, Ecuador y desde la de enero de 2017 en Punta Cana no se supo más de ella. En la web del MPPRE lo más reciente que aparece es la XV reunión de cancilleres en septiembre del año pasado.

En cuanto al ALBA-TCP pocas señales de vida, salvo un portal que corea propaganda político-ideológica afín al régimen venezolano. Parece que sin plata venezolana, ninguna costosa fantasía funciona. De los antiguos aliados, solo quedan los gobiernos


 Ramón Guillermo Aveledo
Dirigente político