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Últimas Noticias Domingo 04 de Mayo de 2003

MEMORIAS DEL SIGLO XX

1955: La muerte de Andrés Eloy Blanco

RAMÓN J.VELÁSQUEZ


El 21 de mayo, en Ciudad de México, lugar de su destierro, en un accidente de tránsito, muere Andrés Eloy Blanco, el gran poeta de fama continental y figura destacada de la democracia venezolana, cuyo nombre era conocido y querido por toda la gente que recitaba sus versos.

Además, desde 1918, con motivo de las manifestaciones caraqueñas promovidas por la alegría que ocasionaron las noticias del final de la Primera Guerra Mundial y del triunfo de las naciones democráticas, la oratoria de Andrés Eloy Blanco entusiasmó a la multitud que desde entonces lo consideró como uno de sus líderes.

Su fama de poeta llegó a España, siendo consagrado como el primero en su concurso Hispanoamericano.

En 1929 fue acusado por el gobierno de Gómez de ser el autor de un periódico de oposición a la dictadura, El Imparcial, escrito en una máquina Underwood y que en versos y crónicas humorísticas y editoriales denunciaba las tropelías de la dictadura y señalaba a los doctores e intelectuales colaboradores del gomecismo en versos que luego se repetían en todos los grupos caraqueños. Andrés Eloy fue condenado a un calabozo de La Rotunda, luego al Castillo Libertador donde enfermó y la gestión de numerosas personalidades ante Gómez, lograron que el poeta fuera confinado en el pueblo andino de Timotes.

Puesto en libertad, meses antes del fallecimiento del dictador, publicó en Caracas, bajo el nombre de Poda, una antología de la obra que había escrito antes de ser reducido a prisión y al mismo tiempo editó Baldeker 200 y Barco de Piedra,su nueva poesía, escrita en la cárcel.

También publicó en esos días, La Aeroplana Clueca,un libro de cuentos.

En Caracas, el 18 de diciembre de 1935, al enterarse Caracas del fallecimiento del presidente Juan Vicente Gómez, se fueron formando numerosos grupos de personas de todas las profesiones, edades y rangos sociales. Entre estos grupos, uno formado por numerosos abogados, médicos, periodistas, escritores, empresarios y artesanos que se reunió en el Instituto “San Pablo” de los educadores Martínez Centeno, después de numerosas intervenciones, acordó que una delegación integrada por representantes de la mayor parte de los sectores profesionales y económicos viajara a Maracay, en donde despachaba el nuevo Presidente, General Eleazar López Contreras y que en nombre de todos hablara una sola persona: Andrés Eloy Blanco. La numerosa delegación, fue la primera que recibió el nuevo Jefe del Estado.

Andrés Eloy Blanco comenzó su discurso: “Señor Presidente: Aquí está Venezuela”. En su respuesta López Contreras señaló que haría un gobierno respetuoso de la Constitución.

Desde ese 19 de diciembre de 1935 hasta el 21 de mayo de 1955, el gran poeta fue también uno de los dirigentes de la democracia venezolana cu ya palabra logró la más extensa audiencia, los mayores aplausos y la permanente y multiplicada repetición por la gente, de sus hermosas y originales frases.

Fue diputado de la oposición durante los gobiernos de López Contreras y Medina Angarita y en esa etapa de su vida pública, además de sus intervenciones, en las que defendía las tesis de su partido, se recuerdan sus discursos en elogio de José Gregorio Monagas, el libertador de los esclavos y a la memoria de José Gil Fortoul.

En 1945, un golpe militar en cuya realización tomaron parte los más altos dirigentes de su partido Acción Democrática lo sorprendió en el exterior, pero al regresar tuvo en sus manos la tarea de explicar al pueblo los alcances de ese brusco cambio histórico y al realizarse las elecciones de los representantes a una Asamblea Nacional Constituyente fue escogido como el Presidente del cuerpo deliberante que iba a dictar los términos de una nueva Constitución nacional. Andrés Eloy demostró su capacidad como dirigente para evitar constantes amenazas de rompi miento de las fracciones políticas que se encontraban modificando las reglas constitucionales del país.

Con sus intervenciones que terminaban siendo aplaudidas por todos, con sus versos sobre la parte risueña o burlesca de cada enfrentamiento que ponía a circular entre los diputados y con sus proposiciones de tregua logró que hasta el final permanecieran reunidos adecos, copeyanos, comunistas, urredistas, sacerdotes y mujeres y que se lograra firmar el texto de una Constitución cuya vigencia iba a durar ocho meses.

El gobierno de Pérez Jiménez retardó durante un mes el permiso para traer a Venezuela, el cadáver de Andrés Eloy Blanco. El 20 de junio llegaron a Maiquetía los restos mortales del gran venezolano, para darles sepultura el día siguiente, en medio de estrictas medidas policiales. Los agentes de la Seguridad Nacional vigilaron todos los actos, pero a pesar de esos controles, el joven poeta y militante de Acción Democrática, Heli Colombani, en vibrantes palabras clausuró el acto del Cementerio, siendo de inmediato conducido a prisión.

La semana siguiente, en una sección que Rafael Caldera mantenía en la revista Élite hizo el elogio de la personalidad del poeta, bajo el título “Andrés Eloy en la Constituyente” pero la censura oficial que revisaba con anticipación los materiales que se iban a imprimir en los periódicos prohibió su publicación. La columna de Caldera comienza a circular entonces clandestinamente y es publicada en Excelsior de México, en julio de 1955.

Caldera hace el relato de su amistad con Andrés Eloy y de la extraordinaria ocasión histórica que los llevó a desempeñar protagónicas tareas en el seno de la Constituyente de 1947, y anota que “en muchas ocasiones, es de justicia proclamar que al fino talento de Andrés Eloy, a su cultura, y la simpatía que se sabía ganar, se debió en lograr parte que males mayores pudieran evitarse”.



Desde ese 19 de diciembre de 1935 hasta el 21 de mayo de 1955, el gran poeta fue también uno de los dirigentes de la democracia venezolana cuya palabra logró la más extensa audiencia, los mayores aplausos y la permanente y multiplicada repetición por la gente, de sus hermosas y originales frases



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