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| Últimas Noticias Domingo 04 de Mayo de 2003 |
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LA OPINIÓN Muerto sin dolientesMariadela Linares
Aída: 32 días hospitalizada. Cáncer en fase terminal. 36 años. Su analfabetismo funcional le impide comprender su situación. Se va a morir y no lo sabe. Sólo desea ir a su casa para ver a su hija de un año. Carmen tiene 36 años. Ni siquiera habla ni se mueve. Tiene 42 días en una cama. Su diagnóstico: encefalopatía por paro respiratorio. No se va a recuperar. Su vida transcurrirá en una habitación que no posee. María tiene 62 años y sufre de neuropatía diabética. Lleva 14 días hospitalizada y padece trastornos afectivos. Tiene una masa quística en un ovario. Ha bajado de peso, pero el informe de su ecosonograma no estará listo sino dentro de una semana. Joan tiene apenas 21 años y perdió una pierna a consecuencia de un balazo. Pasó 3 meses hospitalizado. No sabe qué será de su vida, inválido y sin recursos. El hospital fue casa, cama y comida para él. Andrés apenas murmura una que otra palabra. El color de su piel delata su enfermedad: linfoma. No se le ha podido hacer la tomografía que necesita. José no llega a los 30 años, pero una pericarditis constricti va amenaza su existencia. Lleva 130 días en el hospital aguardando para ser operado. Hace 60 días que su diagnóstico está listo. Sin embargo, sigue allí, a la espera de su turno. Saturnino mira de reojo porque a sus 62 años la demencia lo ha invalidado y tiene además una cardiopatía diabética. El suyo es un "caso social". No hay recursos para hacerle los exámenes que necesita. Todos estos son sólo unos cuantos de los muchos dramas que se viven a diario en el Hospital Clínico Universitario, el primero del país. Con 1.500 camas y un presupuesto que asciende a los 100 mil millones de bolívares anuales, equivalentes al del estado Zulia, el HCU apenas puede cumplir sus compromisos. Una nómina de 4 mil empleados permite suponer que a razón de más de 3 empleados por cada paciente, la atención en ese centro de salud debería ser de primera línea. 600 médicos, 400 de ellos profesores, lo convierten también en el primer hospital docente. Sin embargo, el prome dio de hospitalización ronda los 60 días por paciente, a un costo diario de 400 mil bolívares cada uno. No hay insumos médicos, ni quirúrgicos, ni farmacéuticos. Los enfermos tienen que comprar sus propias medicinas. Los equipos que una vez fueron de tecnología de punta, ya quedaron obsoletos. No hay sino una ambulancia pero sobran los choferes. No hay sino una llave de tubo pero sobran los plomeros. El Hospital Clínico Universitario se parece a la Venezuela de hoy. Un centro con dinero pero sin recursos donde abundan las buenas intenciones pero faltan las decisiones. Se dice fácil que los gobiernos tienen la responsabilidad de administrar la salud, pero nadie está dispuesto a hacerle frente al tremendo problema estructural de la administración pública venezolana, plagada de distorsiones sindicales que abultan nóminas y la hacen ineficiente y corrupta. Esta Venezuela que hoy vivimos y padecemos espera algo más de cada venezolano. Algo más que la crítica destructiva y las promesas demagógicas. Exige que todos asumamos un compromiso porque el que está en la cama es el país y su pronóstico es muy malo. No sobrevivirá sin nosotros. Periodista/ mala@cantv.net |
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