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| Últimas Noticias Domingo 27 de Abril de 2003 |
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LA OPINIÓN No es un viento suaveStefania Mosca
Cuando los cambios, cuando otra realidad asoma su rostro, entonces, para varias, los vientos que soplan son de derecha. Los poderosos, los dueños del orden, sus constructores, casi siempre demasiado poco altruistas, edifican sistemas precarios, y muestran ilusorias verdades impuestas para ejercer, finalmente, la fuerza del más poderoso. Lo cual es una redundancia. Estremecidos por sueños y pesadillas que se hacen reales a nuestro alrededor y retoman la historia, no donde la habían perdido, sino en otro argumento. Verbo y gracia, no se relaciona, como es obvio, la reciente guerra de Afganistán con la de Irak o el Plan Colombia. En estos vientos que soplan, el fuerte debe hacerle la guerra al más débil (aunque fuese maligno no se justifica) para no estar en peligro ¿Es esto lógico? Una chiripa, por ejemplo, para mí, puedo jurarlo, es tamaña amenaza y no por eso voy a destruir mi cocina, por más que desee otra nueva (o equis sólo para mí como canta Yordano). Basta con pisar a la cucaracha. Por más fóbica o paranoica que me ponga, tengo conciencia de mi poder. Es una cuestión de simples proporciones. Aún no entiendo si hacía falta todo ese poderío militar para someter un país en ruinas. No hay ni un vestigio de nobleza en este gesto de EEUU, mucho menos de grandeza histórica (pero sí algo de histeria arteroesclerótica). Claudio Magris nos previene junto a Roberto Calasso sobre la derechización de los ilustrados. Síntoma de la resistencia a los cambios. Resistir, hoy, es ser reaccionario: hay que mu dar, transfigurarse, avisorar las formas del porvenir. Un nuevo hombre ¿Por qué no? Claudio Magris no dice que sea imprescindible acertar, lo que hace falta es soñar la forma de un porvenir. Otra utopía, pero esta vez relativa, autocrítica y perfeccionable como las tesis de Simón Rodríguez. Estos aries de derecha justifican la peor de todas las actividades que realizan los hombres: la guerra. Hasta llegar a la paranoide guerra preventi va que quiso venderse como un espectáculo de la sobernía global de EEUU, de los intereses de la humanidad. El petróleo es apenas un detalle. Los aires de derecha nos hacen ver, conmovidos, cómo liberan a Irak y reparten comida, agua, cual redentores. La bandera de la libertad es blanca, aunque no esconda la sangre ni la mentira. Debemos despertar y ver estos síntomas terribles. ¿Qué justifica la destrucción del otro? La respuesta inmediata es: la aniquilación de uno mismo. Así que, en defensa propia (y queda demostrado que lo propio en Venezuela tiene aún hoy la impronta de la perversión colonial), EEUU e Inglaterra garantizan (ellos están convencidos que este es el modo más económico) la seguridad enérgética del futuro de sus naciones. Un nuevo reparto del mundo se ejecuta bajo nuestros ojos. Si estamos de acuerdo o no, es un asunto posterior, a lo que estamos obligados (ilustrados o no) es a parpadear y ver esta realidad. Debemos evitar que el horror asegure la vida o la verdad de unos pocos. Los aires de derecha llevan a un cardenal, nada más ni nada menos que a un cardenal, a firmar la hoja en blanco que respaldaba a un gobierno dictatorial. Los aires de derecha avalan que Aznar cierre (aparataje legal de por medio que dice Yo no fui) el único periódico vasco en vasco de España ¿Esto es democracia? ¿Y la libertad de expresión? Abramos los ojos, no es un viento suave el que sopla, son los aires de la derecha, los vapores de la muerte. Escritora |
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