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Últimas Noticias Domingo 27 de Abril de 2003

LA OPINIÓN

Colonialismo

Mariadela Linares

Definitivamente los venezolanos tenemos la colonia instalada en la cabeza. Basta que alguien se asome a la frontera y nos arrugue la cara para que corramos temerosos a rogar por el perdón y a pedir la protección ajena.

No es suficiente con que nosotros mismos nos encarguemos de acabarnos como país para que se evidencie que el amor de patria tiene la medida exacta de nuestros intereses individuales, ni un poquito más.

Esta es la única nación donde un embajador da unas declaraciones opinando sobre política interna y nosotros la publicamos bajo el título de que el susodicho ordena que le tendamos la cama. No escatimamos espacio para alertar que afuera nos están mirando feo y que eso nos va a costar caro. So bran las columnas y los editoriales en los medios cuya tarea es sonar la alarma cada vez que en Washington alguien nos voltea los ojos.

Ni qué decir de la dulzura con que le damos la bienvenida a cada una de las arremetidas del vecino país. Cuando desde al lado a algún funcionario de dos galones se le ocurre regañarnos porque piensa que no estamos haciendo bien las cosas, en el estilo en que mejor les convienen a ellos, enseguida le contestamos con la canción del “yo no fui”, fue él.

Pena ajena da observar cómo algunos colegas periodistas, al entrevistar a un diplomático o a cualquiera que nos visita, se saltan la talanquera del equilibrio y del más mínimo sentido de pertenencia a esta tierra, y preguntan con la respuesta implícita, “¿y ustedes de verdad van a seguir tratándonos?” ¿cómo se les ocurre.?

En los últimos años hemos estado rasgándonos las vestiduras por un supuesto nacionalismo que habría que ver hasta dónde es tal. Hemos reventado hasta el cansancio el diccionario de tanto buscar palabras que rimen con Venezuela. Me queda la duda, sin embargo, y me pregunto cuántas de las banderas que hoy se exhiben en automóviles, balcones, vestidos y hasta trajes de baño, se ondearían airosas y con el mismo orgullo, si el carnaval político pasara de moda y el país volviera a ser sólo eso, un país, y no una caimanera de oportunidades.

MSc en Ciencia Política / mala@cantv.net


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