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Últimas Noticias Domingo 27 de Abril de 2003

EL DOMINGO

INFIERNO TRAS LOS BARROTES “SÓLO TE LLEVAN AL HOSPITAL SI TIENES LAS TRIPAS AFUERA”
Muerte y resignación son rutina en El Rodeo I

HERIDOS Si son trasladados a un hospital cuando regresan los reciben con cinco planazos.
JACOBO LUGO

VIENE DE LA P20

tearlos y pasarles por encima con las botas puestas. Aun pastor le destrozaron los pies el martes pasado, porque se negaba a dar dinero y pertenencias a los guardias, según susurra un interno.

Dieta de papel tualé. Resulta inenarrable una crisis de diarrea, que ataca a más de 200 personas en un mismo piso y sin baños. Pero eso ya los presos de El Rodeo I lo han resuelto: “lo hacemos sobre papel y lo tiramos para abajo, mira, por aquí, por eso huele tan mal”. El olor tiene presencia. Un hedor pegajoso que revolotea junto con el enjambre de moscas verdes que se posan en la boca, las heridas, las manos, la comida y en cada excremento que encuentran en patios y pasillos.

Pero la desesperación por una amibiasis en esas condiciones, también aprendieron a controlarla. “Tú agarras siete cuadritos de papel tualé y haces bolitas. Te tragas una por una y las pasas con una cucharada de vinagre. A los 15 días lo botas todo y se acabaron los dolores”, refiere un reo.

Pero eso de esperar a que en “Enfermería” les atiendan las dolencias es un absurdo: “aquí no hay médico nada. Para que te saquen a un hospital tienes que tener las tripas afuera”. Pero aún así muchos prefieren callar y apelar a la medicina popular.

Cuentan algunos que al llegar del hospital son recibidos con “cinco correctivos”, que en realidad son cinco planazos a piel desnuda, porque los guardias suponen que “algo” le contaron a los médicos.

De la última trifulca en El Rodeo (martes 22) quedan mucho más que tres muertos, una veintena de heridos (cifra oficial) y el recuerdo. Decir 20 heridos es una negación a reconocer la razón de las marcas que esconden bajo la camisa la mayoría de los reos en todas las sedes.

Sus brazos y piernas dislocadas con peinillazos, “monzas” (ver recuadro de términos), botas militares y cacha zos dicen algo más que la cifra que se reconoce. El silencio tapa fracturas y disparos: “ya uno se acostumbra y si no te toca la femoral o algo grave, uno sabe que se cura, para qué vas a hablar. Si hablas te va peor”.

Todavía queda uno, con una pierna amputada, sobre la única camilla. Los demás se quejan en el piso, sobre unas colchonetas de 10 cms. de altura.

Las laceraciones por peinillas, que son las heridas menores, tardan al menos 15 días en sanar y unos dos meses en desaparecer.

Ahí reposaba Johan, con unos clavos en la pierna dere cha y un disparo reciente en la izquierda. Pero sólo queda una silla de ruedas y es del “pana Sergio”, quien quedó así después de que un reo se fajara a darle puñaladas en la nuca y por castigo fue trasladado a Yare.

¿La rehabilitación psiquiátrica? De eso sólo hablan las leyes, no la realidad y menos la de la cárcel.

Ningún plan carcelario se evidencia entre los colchones, el hambre y el estiércol regado en el penal. Hay quienes coinciden en que “allá en el Retén de Catia estábamos mejor... no lo ‘fueran demolío’. Había una mente, un trato... esto fue peor”.


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