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CHÉVERE

Espectador
Baño con la CNT

E. A. Moreno Uribe

Por el interés de Simón Alberto Consalvi, el presidente Jaime Lusinchi creó, en 1984, la Compañía Nacional de Teatro y designó para comandarla al dramaturgo Isaac Chocrón, quien hizo debutar a la agrupación, en 1985, con el remontaje de su pieza Asia y el lejano oriente, bajo la conducción de Román Chalbaud, en el Teatro Nacional, adjudicado como sede provisional a la incipiente CNT.

Cuando ya pasaron18 años, la CNT no ha fenecido ni tampoco tiene un espacio propio para sus labores de difusión teatral y ser centro de trabajo permanente para los actores. Sin embargo, su actual director, Héctor (Rodríguez) Manrique, ha logrado presentar en la temporada de 2002, a pesar de los líos presupuestarios, sendos espectáculos de autor criollo: 80 dientes, 4 kilos y 200 metros de Gustavo Ott, estrenada por Julio Bouley, y Baños de damas de Rodolfo Santana, reestrenada ahora por Gerardo Blanco en la Sala Anna Julia Rojas.

Baño de damas -la estrenó el director Ibrahim Guerra en la temporada de 1987- es otra de las piezas más difundidas de Santana en el exterior; hace poco se le exhibió en Miami y Nueva York, dirigida por Roberto Stopello. Su argumentación está centrada en las peripecias variopintas de un grupo de mujeres que se refugian en el baño de una discoteca para maquillarse y drenar, como es lógico, todo lo que les sobra y, además, desahogar sus angustias por la vida familiar que llevan, bien sea solas, acompañadas o arrejuntadas, al mismo tiempo que hacen una crítica generalizada hacia los sistemas de gobierno republicanos por las consecuentes corruptelas de sus funcionarios. Como era obvio, esta pieza que con sus milenarias temáticas invita a reflexionar sobre las complejidades del irredento mundo de las mujeres y la nefasta corrupción de los funcionarios públicos, capturó fácilmente a las audiencias de los países donde se ha presentado.

El nuevo montaje logrado por el director Blanco está centrado en el elenco, casi todas "estrellas" de la televisión, porque la producción general (Héctor Manrique) no quiso correr el riesgo de utilizar desconocidos o debutantes. La puesta en escena se ciñe a la propuesta inicial del autor y tiene variaciones con algunas escenas cruciales, como el desenfadado manoseo entre dos personajes lésbicos y en el epílogo, cuando un diputado borracho ingresa, revolver en mano, al baño de las mujeres en busca de su esposa, generado un caos que culmina con la fenomenal paliza que le propinan las féminas solidarias.

Todavía el espectáculo carece de un ritmo armónico con el desarrollo argumental y una mejor claridad en la dicción del elenco, porque la mayoría de las actrices no matizan sus textos como debe ser, ni tampoco proyectan sus voces, problemas frecuentes en elencos de estas características. La dirección debe poner más mano dura.

“Todavía el espectáculo carece de un ritmo armónico con el desarrollo argumental y una mejor claridad en la dicción del elenco”


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