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Últimas Noticias Domingo 27 de Octubre de 2002

LA OPINIÓN

El empresariado feroz

María de los Ángeles Serrano

Si hay un lugar en el mundo donde EL CAPITAL, con mayúsculas, imponga su ley sin la menor limitación, ese lugar es Venezuela.

Los paros sucesivos así lo demuestran. Lejos de ser obra del pueblo, de los trabajadores o de la población en general, los últimos paros son la demostración de la omnipotencia del capital junto al fraude de una llamada a huelga de la CTV, su aliada.

Los dueños de los medios de producción tienen en este país un sentido primario y reaccionario por supuesto, de la propiedad privada. “Como la tienda es mía, no la abro” dicen ellos “como la fábrica es mía, la cierro”, “como la tierra es mía la mantengo ociosa”. Nuestros “empresarios” entre comillas manejan sus propiedades con lo que podríamos llamar el principio "medalaganario" más evidente: con lo que es mío, dice este principio, hago lo que me da la gana.

Los propietarios nacionales llevan años pidiendo al Gobierno "reglas claras" para trabajar en cooperación, pero cuál demonios de reglas claras pueden darse a alguien cuya regla clarísima se circunscribe a lo que le da la gana a cada uno.

Nos parecemos a Dodge, el villorrio norteamericano de la época de los western, las películas del Oeste, donde aún no se había encontrado una ley que pudiera frenar el ME DA LA GANA de los más fuertes.

Aún no ha salido en Venezuela aquel "Marshall Dillon" capaz de ponerle un parao al derecho MEDALAGANARIO ilimitado. La famosa constitución de bolsillo que el Presidente suele esgrimir con su crucecita como ayuda, ¿es justamente eso? ¿una constitución para meterla en el bolsillo? Quizá el capital vernáculo necesita pancartas que le enseñen que la ley no es sólo para él “el que tiene la sartén por el mango", sino sobre todo para el que ni siquiera puede comprar una sartén decente.

En las sociedades adquisitivas modernas, el valor social de cualquier industria o comercio está en razón directa del modo en que satisface con sus productos o con sus medios de producción las necesidades del hombre, incluyendo las del hombre trabajador, que no es su siervo, ni puede aplicársele, aún en su condición de "capital variable" de la empresa, la ley del utilitarismo empresarial omnipotente.

"En tanto se desvíe de su tin señala R. Tawney, (un teórico del capitalismo)- la empresa puede ser inocua, divertida o estimulante para quienes la llevan a cabo, pero no tiene más significado social que el pavonearse del pavo real o que la lucha de los carnívoros por la carroña".

Nada más demoledor que la participación de nuestros "empresarios" en esta lucha por la carroña del poder. Nada más triste que las ciudades y pueblos vacíos, nada más aterrador que la soledad del espacio ciudadano o campesino huérfano de hombres y mujeres trabajadores; nada más innoble que privar al ser humano del trabajo o donde se realiza como tal.

Nada más estúpido que el pretendido engaño de participación laboral en una huelga cuando los trabajadores no tienen donde demonios ir a trabajar, nada más antidemocrático que utilizar a la gente, trabajadora o simple ciudadana, en ardides destinados al asalto del poder por la fuerza del engaño o las armas. Nada más antidemocrático, antipacifista y anticívico que el intento de derrocamiento de un gobierno elegido popularmente en las urnas.

Ningún golpe contra la democracia más feroz que el golpe de Estado.

Desde su búnker, que no por casualidad es negro, los incompetentes empresarios venezolanos debían pensar más en el significado social de la empresa y menos en el famoso "quítate tú para ponerme yo".
Profesora universitaria


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