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CHÉVERE Bola de Nieve: Un olvidado del 11-SNo nos puede volver a pasar que recordemos la violencia y la muerte y no celebremos la vida y el arte de una fecha. Acaba de pasar con Ignacio Villa LIL RODRÍGUEZ
Caracas. Entre tanto 11 y tantas efemérides vinculadas a la violencia, el aniversario del natalicio del negro Bola de Nieve pasó por debajo de la mesa de recuerdo musical venezolano.Yfue raro, porque si en algún país Ignacio Villa tiene seguidores serios y agradecidos, es precisamente en Venezuela, una de las naciones en las que residió cuando le tocó estar fuera de su tierra natal, Cuba. Duele llegar a pensar que la diatriba y los rencores puedan imponerse a la gentil forma de ser melómana de los venezolanos, tan dadoscomo somos a evocar y a cantar. Si se cumple el axioma de Aníbal Nazoa, "la mejor pista para seguir la historia deunpueblo es la pista de baile", se están quedando unas cuantas páginas en blanco, en estos tiempos... La energía del Bola. Unmúsico como Andrés Segovia escribió: "Cuando escuchamos a Bola parece como si asistiésemos al nacimiento conjunto de la palabra y de la música que él expresa". Un escritor como Pablo Neruda asentó: "Bola de Nieve se casó con la música y vive con ellaenesaintimidad llenadepianos y cascabeles, tirándose por la cabeza los teclados del cielo". La cosa es que quienes tuvieron el privilegio de conocerle (lo que nos saca de la historia a quienes disfrutamos la experiencia de escucharle), dan fe de una energía y una profundidad sólo posibles en alguien movido por el arte digno. Y eso fue él y su obra. En la última entrevista que concediera, poco antes de su muerte, se dibuja la grandeza de este negro. La entrevista fue con Orlando Castellanos, creador y conductor del legendario programa radial "Formalmente informal". Por fortuna fue un encuentro radial que, con la muerte del Bola se llevó a disco, agotado permanentemente. "Me siento eminentemente latinoamericano, tan latinoamericano que no tengo nacionalidad cuando de este continente se trata". "Todo es bueno en la vida cuando uno cree, o se engaña creyendo que está haciendo arte". "Yo no me creo compositor, nime respeto como tal. Yo creo que la palabra compositor es demasiado seria y respetable. Yo he hecho cancioncitas...". Y uno se queda pensando en alguna de esas cancioncitas: “Si me pudieras querer, Ay amor...”. De tierra habanera. Más humilde grandeza no se puede concebir en esta leyenda nacida el 11 de septiembre de 1911 en Guanabacoa, la tierra habanera de Rita Montaner y de Ernesto Lecuona. El periplo vital físicomusical de Ignacio Jacinto Villa se inició en un conservatorio habanero, pero tomó destino cuando a Rita Montaner, "la única" le dio porque él fuera su pianista acompañante. Fue Rita quien lo bautizó como "Bola de Nieve" debido a lo retinto que era su piel y a su cabeza huérfana de cabello. "Yo no sé si me inicié en el arte, o si me iniciaron, no pude decir: ´quiero ser´. Yo era un aspirante a la universidad cuando vino una revolución en Cuba. Fue en la época de Machado (década de los 30), y yo tocaba el piano, sabía música, tenía nociones de lo que era hacer música popular, que es la que siempre he hecho. Pero entonces hubo que comer y me dediqué a tocar piano en un cine, acompañando a una cantante...". "Fui acompañante de Rita porque no había otro que lo hiciera en ese momento, sin ninguna idea de que fuera a ser solista ni mucho menos. Todo esto sin que nadie me conociera, sin saber si era bueno, malo, regular... si era artista o no. Era el pianista de Rita Montaner única y exclusivamente. Y fuimos a México, y en México seguí siendo su pianista, y ahí el mote de Bola de Nieve se popularizó". No resulta difícil imaginar al Bola ejecutando El Manisero o Siboney para ´La única´. Por gracia divina, fue en México donde se encontró con el otro de Guanabacoa, Ernesto Lecuona, quien se planteó regresarlo a Cuba como una estrella. Y así fue. Era 1933. "Llegué a Cuba, y debuté, y me tocó la suerte de que no metiraran hollejos de naranja, ni piedras, ni nada: me aguantaron. Yo seguí abusando de la gente y hasta hoy estoy trabajando en eso". El planeta del Bola. Si alguien dio la vuelta al mundo cantando y riendo, ese fue Ignacio Villa. Y el concepto es literal. EnLimaconoció a Chabuca Granda; en Maracaibo se abrazó con Libertad Lamarque; en Caracas, junto a Alfredo Sadel sacó al Benny Moré de una cárcel parroquial; en Nueva York fue llamado hasta 9 veces a un escenario (Carnegie Hall) para recibir ovaciones. París, Florencia, Moscú, Buenos Aires, Santiago de Chile, Pekín... En todas partes elmismoaplauso agradecido y cálido, y la misma sonrisa del Bola y el mismo piano intenso, y el ancestro lucumí saliéndosele por el alma en forma de voz que poseía, y aquellos temas, y aquella aureola lúdica que enmarcaba sus cantos... y aquel Bola de Nieve siempre regresando a Cuba, a su origen, a sus raíces y a su pueblo. Tal vez lo único que Dios no le concedió fue su petición de morir en su tierra. Ignacio Villa murió cuando estaba de tránsito en México rumbo a Lima, donde participaría en un homenaje a Chabuca Granda. Eran las 5 de la tarde del 2 de octubre de 1971. "Yo no tengo fanáticos, devotos es lo que tengo yo. ¿Por qué..?. porque yo soy la canción. Yo no canto canciones, ni las interpreto. Yo soy". Y nada más.
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