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Últimas Noticias Domingo 15 de Septiembre de 2002

EL PAÍS

Crónica Negra
Último paseo por Caracas

  • Carolina Rodríguez no se inmutó a pesar de ser su recorrido final
  • Su ex novio se ofreció llevarla a lo que sería su fatal destino

    JOSÉ ROBERTO DUQUE


    Caracas. Esa muchacha, recostada ahí contra la ventanilla en el puesto del copiloto; allí, en el Ford EscortOrión color vino tinto. Esa joven hermosa, Carolina Rodríguez Fernández, 24 años, estudiante de Economía, llevaba casi cuatro horas dejándose llevar en errático viaje: el conductor, Clemente Patricio León BravoMalo, se había aplicado desde la 5:30 de la tarde a pasear sin rumbo definido por Caracas con ella, su ex novia. De pronto tuvo a bien llamar a un amigo, un efectivo de la Policía de Baruta para más señas, y que él suponía iba a ayudarlo a salir de un grave problema -después de todo, era el mismo funcionario que lo había ayudado a meterse en él. El policía le escuchó y, como todo buen policía que escucha una propuesta indecente, se negó.

    No me jodas, Clemente, qué clase de favor es ese.

    Bueno, si quieres no lo veas como un favor. Cuánto me cobras por el servicio.

    El policía puso una tarifa.

    León BravoMalo analizó la cifra unos segundos y aceptó pagar.

    Eran las 9:00 pm y tenía que hacer algo con urgencia.

    Carolina, por su parte, siguió en lo mismo: dejándose llevar, recostada a la ventanilla.

    Ni se enteró siquiera del momento en que el policía entró al asiento trasero del carro, no sintió el olor de los pinos y los eucaliptus al enrumbar el vehículo por la subida hacia Tazón, no se inquietó cuando su ex novio torció el rumbo hacia Sartenejas y se detuvo en un paraje cerca de la Universidad Simón Bolívar, ni sintió el perro adiós del par de hombres que la despegaron del asiento y la echaron a volar por uno de esos barrancos de Dios. Aquel había sido su último paseo por Caracas, y los dos balazos que León BravoMalo le había encajado en las costillas cuatro horas atrás no la dejaron disfrutarlo.

    Dos semanas de ausencia.

    Ese día, 3 de diciembre de 1995, Carolina quedó en encontrarse con su amiga Sandra Rodríguez para viajar juntas a la playa. Antes de salir de su casa, le dejó dicho a su familia que iba a tomar el Metro, pero en realidad quien iba a llevarla a su destino era Clemente León BravoMalo. Este caballero había llevado a extremos insoportables su despecho y su persecución: Carolina le había dicho docenas de veces que no quería continuar su relación con él, pero León BravoMalo insistía en pedirle que siguieran intentándolo. Cualquiera sospecharía que el hombre iba a continuar con sus escenas mientras llevaba a la muchacha a encontrarse con su amiga, como en efecto.

    Sandra Rodríguez esperó a Carolina varias horas y luego decidió bajar sola al litoral.

    Desde allá le informó a la familia de su amiga que jamás se concretó el encuentro, así que los padres de la joven fueron a denunciar su desaparición; por primera vez se ausentaba toda una noche de la casa sin comunicarse ni dejar rastros, y esto tenía inquietos a todos sus allegados. El propio León Bravo apareció al día siguiente por la casa de la familia con un concierto de mocos, lágrimas y temblores: estaba preocupado por la suerte de Carolina, decía.

    La ausencia de noticias de la joven duró dos semanas: el 27 de diciembre de 1995, la PTJ fue a levantar un cadáver descompuesto en las inmediaciones de la Universidad Simón Bolívar, que resultó ser el de Carolina Rodríguez.

    Puro despecho. El siguiente desaparecido fue el asesino, Clemente León BravoMalo: ninguno de sus conocidos volvió a verlo, ni siquiera en el funeral de su padre, ocurrido -cruel destino un día después del asesinato de Carolina. Ya habría forma de atraparlo, pero ¿cómo? Fácil: las pruebas de balística arrojaban luces sobre el origen de la pistola con que fue ultimada la muchacha, y adivinen qué: en PoliBaruta comenzaron a mirar feo a un funcionario de apellido Villanueva En marzo, este Villanueva, que no había confesado nada de nada, fue capturado en un intento de atraco en un apartamento de la Av. Urdaneta, y él se defendió diciendo que aquello había sido una emboscada para encasquetarle la corresponsabilidad del homicidio.

    Días después, el 7 de abril de 1996, Clemente León fue apresado también en Pto. La Cruz, disfrazado de árabe pero haciéndose pasar por portugués.

    Una vez en Caracas confesó en perfecto castellano- que le había dado muerte a la chica porque ésta había abortado un hijo de ambos, "Que llevaba en su vientre" (dónde más, León BravoMalo, dónde más) y porque durante aquel paseo final por Caracas, ella le había dicho que amaba a otro hombre.

    De ser cierta esa especie, conmueve más su inmolación: Carolina murió por querer dejar en el pasado un pésimo error de salvaje triple apellido.

    POR QUÉ EL 23E
    Esta no sólo es la única parroquia de Caracas que exhibe con orgullo su muy cuartorrepublicano nombre, sino la que más dolores de cabeza le ha infligido a los gobiernos de turno desde el otoño de Pérez Jiménez: 23 de Enero suena a guerrilla urbana, a población comecandela, a luchadores sociales irreductibles y a revueltas populares. También es un sector que desde el punto de vista militarestratégico, ocupa una posición que muchos quisieran dominar, sobre todo quienes insisten en el tema del golpe y la confrontación inevitable: quien domina el 23 de Enero domina el oeste, y quien domina el oeste domina Miraflores.

    Vista esa tradición y esas características, no es fácil llegar a una conclusión: mientras más se caliente la escena política, contra su gente irá pesando más el estigma de "parroquia peligrosa", la espada de Damocles del olor a intervención: si llegara el momento del fusil y los cañones, la parroquia está destinada a convertirse en festín de lobos y venganzas.




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