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LA OPINIÓN

No más del mismo error

STEFANIA MOSCA (*)

Espanta que aún no haya quedado claro. No hay posibilidad de diálogo institucional, democrático, libre y, sobre todo, civilizado, si no reconocemos lo que por mayoría nos ha constituido como República. Debemos dialogar con Hugo Chávez aceptando que es el Presidente. La oposición no puede (y no debe) consolidar su argumento en torno a la remoción del Presidente, pues ese contenido político nos lleva al golpismo y a cuadros de extrema derecha.

Fue fehaciente que nos sacaron a todos de los caminos correctos. Las palabras empezaron a importar menos día a día. Escuché decir, el 11A, a un grupo de marchantes: Menos mal que nos acompaña Bandera Roja, porque con esos animales de los círculos bolivarianos...

Entramos al horror, y a la pantomimamacabra de un régimen de facto.

Irresponsablemente (y para evadir culpas), se sigue pulsando el ámbito abierto por la matriz desplegada en contra del presidente Hugo Chávez. Desconocer las autoridades de la institucionalidad es avalar nuevamente, en otra escaramuza, la evidente y bárbara intención del decreto presidencial de Carmona Estanga. Debemos abrir los ojos. Si no le damos su tiempo a las opciones de poder que el pueblo ha elegido, no tendremos nunca República. No juguemos a que sea cierta la peyorativa mirada de Otto Reich que nos comparó con Haití.

¿Qué quiere decir "salida institucional": no pagó su último ticket de Metro y ya no es presidente? Abramos los ojos. Démonos nuestro tiempo. El tiempo para que se perfile el líder y los contenidos de la oposición, fuera (y un poco más allá, por favor) del Sábado Sensacional ambulante que el regreso de la mano peluda ha montado para ello...

Mientras, me niego a que vuelvan a hacerlo. A que pretendan involucrar a la Sociedad Civil, o las ONG, a los gerentes de Pdvsa, a los médicos, a los maestros y a mi vecino en una comparsa donde la masa es utilizada para encubrir apetitos verdaderamente oscuros de poder.

No quiero servir de justificación al horror ni por una hora ni por un siglo. Los ciudadanos comunes debemos entender que esa es una apuesta muy costosa y que desaparecidos, torturados y millones de víctimas pueden ser las resultantes.

(*) Escritora


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