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| Últimas Noticias Domingo 27 de Enero de 2002 |
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EL PAÍS LILIANA ORTEGA DEFENSORA DE LOS DERECHOS HUMANOS“En Venezuela no hay justicia” “Es indispensable tender
puentes de diálogo” Oscar Perdomo Marín
Nada como pez en el agua en la lucha por la vida que en su más amplio sentido quiere decir: pan en la mesa del pobre, escuela linda como jardín de la primera edad, el ser humano caminando por las calles con la alegría de haber nacido en esta tierra, rebosante de autoestima y sentido de pertenencia en un país de equilibrada convivencia ciudadana. Esta mujer vive en una utopía, buscando realidades y eso merece, al menos, respeto cuando, ¿para qué contar el número? Decenas de miles y mujeres escogieroncomo instrumento de lucro la profesión que Gandhi no ejerció, salvo para librar a su país de la bota colonial con la filosofía de no agredir ni colaborar con el ocupante británico. Ella ejerce un apostolado y eso no da dinero. El centro de la entrevista con la abogada Liliana Ortega es la cuestión de los derechos humanos, una categoría que se proyecta a todo el quehacer nacional cuando ninguna familia de víctimas y desaparecidos del llamado "Caracazo" contra Carlos Andrés Pérez en su segundo gobierno, ha tenido el beneficio de la reparación. La impunidad mantiene abierto el libro de la justicia que no llega y allí están perdidos en el anonimato del silencio de los cómplices los autores de los crímenes de Cararabo yEl Amparo; allí está también la corrupción que viola los derechos humanos de toda una nación, gozando de buena salud; está allí la reja comocredencial de identidad del paisaje urbano y en cada uno el microbio del miedo subyace como lugar común en la conciencia colectiva ¡Por la vida, nuestra entrevistada tiene la palabra! ¿Qué queda del 27 de febrero de 1989? Quedan varias cosas. Lamentablemente, muchos de los factores estructurales que originaron el 27f continúan vigentes. Me refiero a la pobreza, la corrupción, la impunidad y la pérdida de credibilidad de los ciudadanos en las instituciones, muy especialmente en materia de justicia. Algunos de esos problemas se han agudizado en la última década. El saldo es sombrío, pero ¿hay algo positivo? Sí, un nuevo tejido de articulación social en Venezuela. Podemos hablar hoy del antes y del después del 27 de febrero, aunque es cierto que queda mucho por hacer en relación con la Sociedad Civil, de organizaciones no gubernamentales, pero al menos en el campo de los derechos humanos hay una ganancia importante, que se expresa en la proliferación de grupos de base en esa materia; ONG que han trabajado y consolidado su labor. Trabajar en el campo de las ideas hacia el desarrollo de una conciencia social de respeto a la personahumana es complejo, por no decir abstracto: ¿Cuál puede ser el sedimento que impide que el agua fluya? Queda un gran manto de impunidad ¡13 años después no hay un solo responsable castigado por los hechos del 27f! Ninguna familia afectada ha sido reparada al menos en los casos que tienen que ver con la denuncia que se interpuso ante la Comisión y la Corte Interamericana de Derechos Humanos ¡Ese es un desafío permanente para la democracia venezolana! El poder enfrentar el tema de la impunidad con seriedad y efectividad no sólo para satisfacer a los familiares de las víctimas del 27f, sino para comenzar a dar respuestas a los familiares de las víctimas de violaciones de derechos humanos, casos que en general permanecen en la impunidad. - ¿Cuál es la solución al cáncer del problema carcelario en Venezuela? Creo que no hay receta mágica. Se trata de una situación muy grave ¡Tenemos que construir una política carcelaria! Creo que se han hecho esfuerzos importantes en esta última etapa, especialmente en capacitación de funcionarios y en construcción de nuevas prisiones. Volvemos almismopunto del círculo vicioso... La cuestión, repito, es la ausencia de una política penitenciaria que involucre a todos los poderes públicos, muy especialmente al Judicial. La violencia entre internos en las cárceles es una de las más altas en América Latina y eso está muy ligado al tema de la corrupción. ¿Cómo es eso? La corrupción se expresa en este caso en la introducción de armas y drogas y alcohol en las prisiones ¡Es una necesidad y un desafío crear una policía penitenciaria, y sería muy importante que eso venga de la Asamblea Nacional en coordinación con el Ministerio de Relaciones Interiores y Justicia y, por supuesto, con el Poder Judicial! Un cuerpo de esa naturaleza es indispensable con gente educada y formada para mantener el control de las prisiones. ¡El Estado ha perdido el control de las prisiones y eso es un gran drama! Hay que retomar ese control y eso sólo se puede hacer con una política penitenciaria integral. Es menester hacer esfuerzos muy importantes en el Poder Judicial, incluyendo el Ministerio Público. Vale la pena estudiar ejemplos en ese sentido en España y Francia. Hay esfuerzos en el Ministerio Público y en la Defensoría del Pueblo que son positivos, pero no suficientes. ¿Usted se ha involucrado directamente en el problema de las cárceles? Sí. Creo que el desarrollo del programa de la Unión Europea en Venezuela conjuntamente con el Ministerio de Relaciones Interiores es positivo y ojalá pueda concluir satisfactoriamente. Nosotros hemos estado participando en la cuestión de la capacitación de funcionarios en materia de derechos humanos con absoluta libertad académica en la prisión de mujeres, en Yare, El Rodeo y La Planta, y ahora con el Internado Judicial de Lara. Posteriormente iremos al Zulia dentro de esta experiencia piloto. ¿Porqué nocomenzamosa reemplazar la cultura de la violencia carcelaria por la cultura del trabajo? Estoy de acuerdo. Yo creo que ese es un tema pendiente en la agenda penitenciaria de Venezuela, y tiene que ver con la política penitenciaria integral de la cual he hecho mención. Allí hay que vincular al sector productivo nacional, a los ministerios del Trabajo, de Relaciones Interiores y Justicia y, obviamente, a la Asamblea Nacional y el Poder Judicial. ¿Es la pobreza untema de los derechos humanos? Absolutamente. La pobreza es mucho más que la falta de dinero y la persistencia endémica de la precariedad en las condiciones de vida. Vencer la pobreza, además de la solución de los problemas materiales, es que la gente tenga acceso a la justicia, a la cultura, la salud, el deporte, la tecnología. ¡Todo aquello que hace posible la alegría de residir en el planeta Tierra! Eso que en el lenguaje económico se define como desarrollo. ¿Y el desempleo? Es un tema permanente de los derechos humanos y entra en la categoría de la pobreza. La exclusión social implícita en la cesantía se vincula también con la cuestión de la violencia, que no es sólo el problema de la inseguridad y la criminalidad, sino también de las carencias, especialmente en la falta de acceso a los servicios básicos y satisfacción de necesidades insoslayables como el hecho de comer. La pobreza, en suma, es un asunto protuberante en la agenda de los derechos humanos. Fíjese en nuestro país petrolero, una mujer o un hombre de 60 años ¡no existe! Se le acabó el beneficio de la Política Habitacional y tampoco es sujeto de crédito bancario, ¿qué le parece? ¡Eso es discriminación y, por tanto, es cuestión de derechos humanos! El derecho a no ser discriminado está en la Constitución y en todos los instrumentos internacionales ratificados por Venezuela. ¡En nuestro país y en otros de la región hay una verdadera política de "apartheid" hacia la tercera edad! En perspectiva, esos desequilibrios hay que corregirlos. Tengo la impresión de que coloqué un tema fuera de la agenda tradicional de los derechos humanos... Hay aquí dos temas pendientes muy importantes fuera de la agenda tradicional de derechos humanos: la violencia doméstica contra las mujeres y cómo atender la tercera edad con una perspectiva de derechos humanos. ¿Cararabo y El Amparo plantean un problema de derechos humanos? Con sus matices y diferencias entre sí, son dos casos de derechos humanos, unidos muy especialmente por la impunidad. ¿Qué más debe reformarse en el COPP? Yo creo que el tema de la seguridad personal no es del Código Orgánico Procesal Penal. Ese instrumento no puede ser tocado en su fondo, en las garantías que tiene, las personas que son investigadas por la presunta comisión de delito, porque eso sería tocar el gran pensamiento ideológico de la Constitución, que es justamente la garantía de un Estado Social de Derecho donde los derechos humanos tienen primacía. Aquí de lo que se trata es que la gente sea efectivamente acusada y que haya justicia, todo ajustado al espíritu de la Carta Magna. ¡El gran drama que tenemos en Venezuela es que no hay justicia! La gente carece de acceso a ella y tampoco ve el castigo a los responsables de evidentes delitos. Es un gran desafío... Usted lo ha dicho. Uno de los grandes desafíos permanentes de la democracia es revalorizar la justicia. La utopía: Venezuela para todos, ricos, pobres. ¿Qué problema capital de derechos humanos debe resolverse? Hay dos temas fundamentales para resolver en la agenda venezolana de derechos humanos, que lleva 13 años de estancamiento: la pobreza, como cuestión de todos, y la intolerancia política. Hay francotiradores por todos lados, ¿es eso? Sectores de la oposición y el oficialismo tienen que hacer esfuerzos muy importantes para vencer la intolerancia política. Los distintos sectores tienen que hacer esfuerzos porque se puede estar jugando el futuro democrático del país. La corrupción plantea un problema éticomoral que afecta a la nación. ¿No viola de hecho los derechos humanos de las mayorías? El tema de la corrupción es también de los derechos humanos, incide directamente en el desarrollo y es además un problema de justicia. ¡Ese también es un tema pendiente en la agenda venezolana! - ¿Qué es para usted la verdad? La verdad no tiene respuesta. Lo que puede ser para mí la verdad a lo mejor no lo es para usted ¡El peor desatino y desinteligencia de un ser humano es creer que es dueño de la verdad! Los hechos son importantes a la hora de valorar. En mi caso, pienso que la mejor manera de saber cómo vamos en derechos humanos es valorando los hechos.
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