Ultimas Noticias / El País / José Guerra: La economía marxista
lunes, 01 febrero | 7:36 AM
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El enfoque de los asuntos económicos por parte del marxismo es de una simpleza aberrante. Parte de una premisa falsa, la cual consiste en creer que el Estado puede sustituir la propiedad privada como mecanismo para la producción de bienes y la provisión de servicios. Así, la propiedad en manos del Estado serviría para formular planes de desarrollo mediante la planificación centralizada a través de la cual un grupo de burócratas deciden qué se produce y qué se consume.
Siguiendo el ejemplo soviético, ya en Venezuela ha sido nombrada una Comisión Central de Planificación que hasta ahora ha hecho muy poco, afortunadamente. La sustitución de la propiedad privada liquida el incentivo para producir, sencillamente porque nadie se siente propietario. La aplicación de la economía marxista acabó en un fracaso estrepitoso en la medida en que los trabajadores pasaron a ser explotados por un Estado patrono que reprimía las manifestaciones de la clase obrera. Además, en la economía marxista, como la propiedad privada está severamente limitada o no existe, los estímulos a la creatividad desaparecen en cuanto el producto de las innovaciones no le pertenece a los inventores o creadores sino al Estado o es apropiado por la burocracia.
En ese sentido, la práctica de la economía marxista se parece a lo que ocurría en el Medioevo, cuando los resultados de la creatividad pertenecían a los señores feudales. Algo similar sucede en el socialismo marxista, donde los creadores no son propietarios de su creación, artística o material.
Pero encierra otro dilema la economía marxista, y es el referido a la creación de riqueza y a la actividad comercial. La creación de riqueza o de valor no es producto exclusivo del trabajo sino de una combinación de factores donde efectivamente entra el trabajo, pero también la máquina, la gerencia y, todavía más, la dotación de recursos naturales. En cuanto al comercio, es tal vez el tema peor tratado en la literatura marxista. Quizás la experiencia de lo que fueron y todavía son países socialistas ilustra adecuadamente lo desquiciante que fue la práctica del socialismo. Los anaqueles vacíos y la falta de técnicas de comercialización son el rostro viviente del socialismo, no solamente porque no se producía en cantidad suficiente sino también por el hecho de que al no existir la competencia no había condiciones para mejorar la calidad de los productos. La competencia fue sustituida por el voluntarismo, por un empeño fervoroso por interpretar lo que los consumidores desean consumir, sin dejar que fuesen los propios consumidores quienes decidan los bienes de su preferencia. Lo que ocurre en Venezuela señala un camino peligroso por cuanto se pretende copiar modelos ya fracasados. Lo que llama la atención es la perseverancia casi religiosa en el error.
Economista
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